Las tarjetas de crédito y las de débito son, actualmente, dos de los medios de pago más exitosos, ya que nos permiten no tener que llevar dinero en efectivo encima. Por eso, si buscas las mejores tarjetas del mercado, con el comparador HelpMyCash.com podrás compararlas en minutos.

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¿Qué son las tarjetas y para qué sirven?

Las tarjetas son un medio de pago utilizado como sustituto del dinero en efectivo y como método de financiación. Las comercializan tanto los bancos como las financieras y cuentan con un elevado nivel de aceptación en España. Sus principales funciones son, en primer lugar, permitir a su titular sacar dinero de un cajero automático, en segundo lugar, abonar compras en comercios tanto físicos como virtuales y, en tercer lugar, financiar compras. Pero también incluyen otras funcionalidades como sacar dinero de la línea de crédito, acumular puntos, etc. Las más habituales son las tarjetas de crédito, las tarjetas de débito y las prepago, pero también podríamos hablar de tarjetas de fidelización, de regalo o de puntos.

El éxito de las tarjetas ha sido notable desde que se popularizasen a mediados del siglo XX. Los datos hechos públicos por el Banco de España lo ponen de manifiesto. A 31 de diciembre de 2016 había 74,51 millones de tarjetas en circulación en España, un incremento del 62,7 % con respecto a la cifra del año 2000. No obstante, la evolución no ha sido igual para las tarjetas de crédito que para las de débito; mientras que el crecimiento de las primeras ha sido imparable, pasando de 16,06 millones al cierre del año 2000 a 48,75 al término del pasado año, las tarjetas de débito han disminuido (de 29,74 millones al inicio del milenio a 25,76 al cierre del año 2016). Sea como fuere, el caso es que desde hace año en España hay más tarjetas que habitantes, una prueba más de que las tarjetas como medio de pago no han sido una simple moda, sino que son una de las herramientas para realizar abonos más populares.

Acceder a una tarjeta de débito implica un proceso muy sencillo. La mayoría de las cuentas corrientes las llevan asociadas y es muy habitual que cuando se contrata una cuenta corriente, simultáneamente se dé de alta también una tarjeta de este tipo por contrato, junto con el servicio de banca a distancia que también se suele contratar al unísono. No obstante, acceder a las tarjetas de crédito suele ser más complicado, porque requiere un estudio previo de la solvencia del cliente por parte de la entidad y de que este cumpla ciertos requisitos (nómina, antigüedad en el banco, etc.), ya que se trata de un medio de financiación. No obstante, cada vez resulta más fácil contratarlas, ya que están proliferando las tarjetas de crédito sin cambiar de banco, es decir, que no exigen que abramos una cuenta corriente nueva y cuyas cuotas se pueden domiciliar donde el cliente quiera.

Tipos de tarjetas del mercado actual

El rotundo éxito que han cosechado las tarjetas durante las últimas décadas ha facilitado la aparición de nuevas modalidades, pensadas para finalidades distintas como, por ejemplo, el pago aplazado de compras o la adquisición de productos a través de Internet con total seguridad. Hablamos de las tarjetas de crédito, que permiten obtener financiación al instante y abonar el importe de una compra en diferentes cuotas mensuales, de las de débito, utilizadas como un simple monedero ligado a una cuenta corriente y de las tarjetas prepago, similares a las de débito, pero que requieren cargarse previamente y están enfocadas, sobre todo, a la realización de compras online.

Para entenderlas de una manera más clara y profunda, a continuación explicamos cuáles son las características principales de cada una de ellas:

Tarjetas de crédito:

Las tarjetas de crédito hoy en día son la versión más popular en España de este tipo de medios de pago, con una cantidad en circulación que supera con creces a las tarjetas de débito. La principal particularidad de estos plásticos es que no sirven únicamente como sustitutos del efectivo para pagar las compras que hagamos en los comercios, sino que son un medio de financiación y nos permiten abonar las compras con un dinero que no es nuestro y que luego tendremos que devolver. En resumen, mientras que las tarjetas de débito y las prepago descuentan directamente el dinero que hayamos gastado de la cuenta asociada o del saldo cargado previamente, las de crédito nos ofrecen la posibilidad de ir asumiendo préstamos (sin superar el máximo del crédito que tengamos disponible) cada vez que queramos realizar un pago y luego devolver ese dinero a final de mes o en cuotas mensuales.

El uso de las tarjetas de crédito implica asumir un compromiso: el titular deberá devolver el dinero que haya tomado prestado en la fecha pactada y, si los hubiese, debería abonar los intereses que se devengasen de la operación. Así, debemos tener presente que cuando abonamos el importe de una compra con las tarjetas de crédito o extraemos dinero de un cajero automático lo que en realidad estamos haciendo es retirar una parte del importe de la línea de crédito y, por lo tanto, asumir una deuda con el banco o la financiera, mientras que si sacásemos dinero con una tarjeta de débito o pagásemos una compra, el dinero dispuesto sería el de nuestra cuenta corriente, es decir, el nuestro. En esos casos, el dinero utilizado se tendrá que devolver de una manera u otra en función de la modalidad que se haya escogido: a final de mes sin intereses (solo se devuelve el dinero utilizado), en cuotas fijas mensuales, a plazos abonando un tanto por ciento de la deuda cada mensualidad o en un número de meses concreto.

Por todo lo anterior se puede concluir que las tarjetas de crédito, además de ser un medio de pago como cualquier otra tarjeta, son también una forma de conseguir financiación, con la ventaja de que se trata de un método instantáneo. Se puede disponer del saldo de la línea de crédito en el mismo momento en el que se realiza la compra o en un cajero automático, sin papeleos ni esperas.

Estas son las características principales de cada modalidad de reembolso:

  • Pago fraccionado: se trata de la modalidad de pago más característica de las tarjetas de crédito. Básicamente consiste en devolver el dinero gastado en cuotas mensuales, en lugar de inmediatamente, como ocurre con las tarjetas de débito o prepago, o de golpe a final de mes. La principal ventaja de aplazar el pago de las compras es que permite hacer frente a gastos abultados de forma cómoda y asequible. No obstante, también tiene desventajas: fraccionar el pago de una compra implica, por un lado, contraer una deuda con la entidad (el dinero se tendrá que devolver en el plazo pactado y de la manera acordada, normalmente en cuotas mensuales) y, por el otro, el pago de intereses. Es decir, que al final se acaba pagando más dinero de lo que costó el bien o producto original que se financió. El tipo de interés al que tendremos que hacer frente al fraccionar una compra con tarjeta dependerá del "plástico", pero la media se sitúa en torno al 21 %. Sin embargo, es posible encontrar tarjetas de crédito con un tipo de interés mucho más bajo, de manera que financiar una compra con ellas será mucho más barato. No es lo mismo hacer una compra de 500 euros y aplazar su pago durante seis meses al 21 % que al 12 %. Hay que tener presente que como ocurre con cualquier otra deuda, en el caso de retrasarse en el pago de las cuotas o, directamente, de dejar de abonarlas, se irán acumulando intereses moratorios y comisiones, lo que encarecerá la deuda y podría acarrear consecuencias poco agradables como la inclusión de nuestro nombre en un registro de morosos o, incluso, el embargo de la nómina.
  • Pago total a final de mes o a principios del siguiente: esta modalidad de pago permite abonar el dinero que se haya utilizado a lo largo del mes con la tarjeta de crédito en una fecha concreta, que suele estar fijada a finales de mes o a principios del mes siguiente, para que coincida con la entrada de la siguiente nómina. Básicamente, al utilizar esta modalidad todo el dinero que se vaya gastando durante el período liquidativo se acumula y se devuelve de golpe en una fecha concreta. Aunque todo el dinero se devuelva de golpe, en el extracto mensual de la tarjeta se puede conocer al detalle el importe de todas las compras o extracciones de efectivo que se hayan realizado durante el período con la tarjeta de crédito. Es importante conocer el día exacto en el que la entidad cargará el recibo y descontará el dinero a deber de la cuenta en la que se tengan domiciliadas las letras de la tarjeta, para no caer en un impago, ya que en ese caso no solo se seguiría debiendo el dinero utilizado, sino que además empezarían a acumularse intereses de demora y probablemente se tendría que hacer frente a una comisión de unos 30 o 35 euros para compensar los gastos administrativos en los que haya incurrido la entidad para gestionar la reclamación.

Además de incorporar varias modalidades de pago, algo que las diferencia sustancialmente de las prepago y de las de débito, los bancos son propensos a incluir en este tipo de plásticos otro tipo de ventajas adicionales que no siempre incorporan en el resto de los medios de pago como descuentos al repostar carburante o seguros gratuitos, algo muy habitual. También hay algunas tarjetas con devolución de compras, que bonifican las compras que se abonen con el plástico.

Tarjetas de débito:

A diferencia de las de crédito, las tarjetas de débito no utilizan el dinero que le presta el banco al cliente, es decir, el crédito, sino que solo tienen acceso al dinero que ya posee el titular, o sea, el que tiene registrado en la cuenta corriente asociada. Este tipo de tarjetas, en el momento de realizar una compra o de sacar dinero en un cajero, cargan directamente el saldo dispuesto en la cuenta del cliente y se lo descuentan inmediatamente. Solo permiten utilizar el dinero que hay en la cuenta vinculada, aunque en ocasiones el banco puede autorizar la disposición de dinero a cuenta de un descubierto, con los consiguientes intereses que se deberán abonar. He aquí la principal diferencia con las tarjetas de crédito: mientras que estas están ligadas a una línea de crédito y permiten a su titular utilizar unos fondos que no son suyos, con las tarjetas de débito el cliente solo puede gastar su propio dinero. En este sentido, son más seguras ya que no permiten al cliente endeudarse al no poder tomar prestado un dinero que no es suyo.

La principal función de las tarjetas de débito es abonar el importe de las compras que se hagan en las tiendas prescindiendo del efectivo, ya sea en comercios online o en tiendas a pie de calle, así como sacar dinero de la cuenta corriente asociada a medida que se vaya necesitando mediante un cajero automático. Tienen la ventaja de que, por lo general, pueden usarse en cualquier parte del mundo, tanto para pagar compras como para retirar efectivo. Sin embargo, podría suceder que una tarjeta no fuese aceptada en un cajero situado fuera de España o en un TPV extranjero. Además, no olvidemos que utilizar las tarjetas de débito fuera de los cajeros de la propia entidad o para abonar una compra en una moneda extranjera puede conllevar el pago de comisiones.

Las tarjetas de débito son una buena herramienta para controlar los gastos y no exceder nuestra capacidad de consumo, puesto que solo nos permitirán usar el dinero que tengamos en la cuenta corriente que hayamos asociado. Así, no tendremos posibilidades de endeudarnos, salvo en contadas ocasiones en las que la entidad admita descubiertos. Al utilizar estas tarjetas, no tendremos que abonar intereses y podremos sacar dinero gratis de los cajeros automáticos del propio banco o de los de aquellas entidades con las que el banco haya llegado a un acuerdo previo. Antes de aceptar una tarjeta de débito, debemos fijarnos en los posibles gastos que pueda acarrearnos y en el precio de los diferentes servicios (mantenimiento y renovación, pagos en otras divisas, etc.).

Las comisiones deben aparecer especificadas en el contrato del "plástico", así como en el libro de tarifas y si algún punto no lo tenemos claro, estamos en nuestro derecho de acudir a la entidad y preguntar por cualquier condición que no acabemos de ver clara. De hecho, si tenemos dudas, antes de contratar un producto debemos aclararlas, para saber si realmente nos satisface.

Tarjetas prepago:

A pesar de que las tarjetas prepago no han tenido la aceptación ni tampoco la promoción de la que sí han disfrutado las tarjetas de crédito y las de débito, es justo señalar que han conseguido labrarse un hueco en el mercado y han calado, sobre todo, entre los consumidores acostumbrados a realizar compras a través de Internet y, recientemente, también entre los padres que quieren darles a sus hijos menores de edad una tarjeta, pero sin perder el control sobre el gasto que realizan.

¿Cómo funcionan las tarjetas prepago? A diferencia de las tarjetas de débito, que están conectadas directamente con una cuenta corriente de la cual se va descontando el dinero del que se va disponiendo con el plástico, y de las de crédito, que están vinculadas a una línea crediticia concedida por el banco, las tarjetas prepago funcionan como un monedero. El titular debe ir recargándolas con el dinero que vaya a gastar antes de utilizarlas y son independientes de las cuentas que pueda tener el cliente en el banco. Su uso está limitado al saldo que se haya cargado previamente y una vez gastado no podrá volverse a utilizar hasta que se haya recargado de nuevo. Es importante remarcar que el dinero que se utilice se descuenta al momento del saldo de la tarjeta.

El principal motivo del éxito que han vivido las tarjetas prepago durante los últimos años es, precisamente, que al no estar vinculadas con ninguna cuenta corriente son más seguras que el resto, pues solo permiten gastar el dinero que se haya cargado previamente. Si se pierden o alguien las roba, no podrá vaciar la cuenta del titular, como mucho podrá gastar el saldo que quede en la tarjeta. Lo mismo si alguien intercepta los datos de la tarjeta al realizar una compra online, tampoco podría gastar el dinero de ninguna cuenta.

Sin embargo, además de la seguridad, las tarjetas prepago tienen más ventajas. Por un lado, muchos clientes valoran el anonimato que ofrecen estos "plásticos", puesto que en muchas ocasiones no están ligados a ningún titular en concreto, sino que son al portador. Por otra parte, permiten controlar muy de cerca el gasto realizado, ya que solo podremos disponer del dinero que hayamos cargado previamente. De ahí que muchos padres se lo planteen como una opción para sus hijos, ya que así evitan que lleven dinero en efectivo encima y pueden saber lo que gastan y en qué lo hacen, ya que son ellos los que depositan el dinero en la tarjeta y los cotitulares de la misma.

Las tarjetas prepago también se pueden utilizar como un obsequio. Nos referimos a las típicas tarjetas regalo, en las que alguien recarga cierta cantidad de dinero y se la entrega a otra persona para que disfrute de ese saldo y lo gaste en una marca concreta o donde considere.

¿Puedo conseguir tarjetas gratis?

Como ocurre con cualquier otro servicio o producto bancario, el coste de las tarjetas dependerá de la entidad que las emita y del propio plástico. Debemos entender que para un banco o una financiera, la emisión de una tarjeta, así como su mantenimiento anual, supone un gasto al que debe hacer frente; primero, por los costes administrativos en los que incurre tanto en el momento de la emisión (análisis de la solicitud del cliente, estudio de solvencia...) como durante el transcurso del año (emisión de extractos, comunicaciones con el cliente...) y, segundo, por los gastos de fabricación y estampación. Sin embargo, aunque a una entidad la concesión de una tarjeta, sea de crédito o de débito, le suponga un gasto, esto no significa que siempre lo repercuta al cliente. De esta manera, es posible conseguir tarjetas totalmente gratis, tanto en bancos como en financieras, mientras que en otras entidades pueden costar varias decenas de euros al año. Cabe remarcar que entre las entidades que conceden tarjetas gratuitas, algunas no exigen ningún tipo de requisito mientras que otras, para librar al cliente de comisiones, piden que se realice un consumo mínimo anual con ellas.

Además de las cuotas de emisión y de mantenimiento, que pueden esquivarse con relativa facilidad, en torno a las tarjetas planean toda una serie de costes extra que influirán sobre el precio final de los plásticos y que se tienen que tener en cuenta para que el medio de pago acabe saliendo a cuenta. Varios ejemplos: una tarjeta puede ser gratuita, pero si se solicita un estampado personalizado, por ejemplo la incrustación de una fotografía personal sobre el anverso de la tarjeta, es probable que la entidad cobre una comisión por ello. El tipo de operaciones que se vaya a realizar con las tarjetas también afectará al coste final. Si se quiere sacar dinero de muchos cajeros y la tarjeta no lo permite, se tendrá que pagar cuando se acceda a los terminales que el banco no cubra. Si se realiza una extracción de efectivo a crédito, también se tendrá que pagar. De ahí que sea de suma importancia, primero, conocer el tipo de operaciones que querremos hacer con la tarjeta y nuestras necesidades (necesitamos una tarjeta como medio de financiación o solo queremos un plástico para pagar a débito, queremos tener a nuestra disposición miles de cajeros o, por el contrario, apenas acudimos a ellos y nos conformamos con pocos, etc.) y, segundo, comparar los costes de cada medio de pago y encontrar uno que se adapte a nuestras necesidades y perfil.

Gracias a la multiplicación de la oferta y al recrudecimiento de la competencia, cada vez resulta más fácil encontrar tarjetas de todos los tipos sin comisiones de emisión y de renovación, es decir, gratuitas. Una buena noticia, sobre todo, en cuanto a las tarjetas de crédito que tradicionalmente han sido más caras que las de débito. Pero los consumidores no tienen por qué conformarse únicamente con una tarjeta gratuita. Precisamente, el aumento de la oferta ha motivado a muchas entidades a añadir ventajas exclusivas en sus tarjetas para hacerlas más atractivas que las de la competencia con bonificaciones, tipos de interés por debajo de la media en el caso de las de crédito, descuentos en comercios y gasolineras, etc.

Para poder acceder a este tipo de tarjetas gratuitas en ocasiones la entidad exigirá que cumplamos toda una serie de requisitos de vinculación como, por ejemplo, domiciliar una nómina, varios recibos o realizar un gasto mínimo con el "plástico" cada año. En otros casos, podremos contratar tarjetas sin necesidad de cumplir ningún requisito de vinculación e, igualmente, con muchas ventajas extra. Las tarjetas sin nómina nos permitirán disfrutar de las mejores ventajas sin necesidad de pagar ni de "atarnos" con una entidad.

Operaciones que podemos realizar con este producto

El número de operaciones que puede realizarse con las tarjetas es muy amplio, desde sacar dinero en un cajero hasta fraccionar el pago de una compra en varios meses. Hay que tener en cuenta que no todas las tarjetas permiten realizar el mismo tipo de operaciones, por lo que antes de solicitar una u otra es importante preguntarse para qué se quiere usar el plástico y qué necesidades se quieren suplir con este medio de pago. A continuación, las principales funciones que tienen las tarjetas:

  • Pagar en tiendas (tanto físicas, como establecimientos virtuales)

Pagar las compras que realicemos en las tiendas, además de retirar efectivo de los cajeros automáticos, es el principal uso de las tarjetas de crédito, débito y prepago. Además, permiten pagar tanto en comercios físicos como en las tiendas virtuales. Gracias a las tarjetas, los consumidores pueden prescindir del efectivo, por lo que se gana en seguridad al evitar tener que llevar dinero en metálico encima, y en comodidad, sobre todo cuando se van a comprar productos o adquirir servicios de importe elevado. No obstante, no todos los "plásticos" admiten las mismas modalidades de pago. Así, mientras que las tarjetas de débito solo permiten utilizar el dinero que el titular tiene en la cuenta asociada y las tarjetas prepago requieren que el cliente las recargue previamente, las tarjetas de crédito permiten utilizar unos fondos que son del emisor de la tarjeta, es decir, que no son del titular y que luego este tendrá que devolver. Es importante señalar que durante los últimos años el pago con tarjeta ha evolucionado considerablemente y las últimas innovaciones tecnológicas han llegado al sector, por lo que ahora se pueden pagar compras con el móvil o simplemente acercando la tarjeta al datáfono, sin necesidad de deslizar la banda magnética, gracias a las tarjetas contactless.

  • Sacar dinero en cajeros automáticos
  • Cuando hablamos de las operaciones más habituales que podemos realizar con una tarjeta, no podemos olvidar las extracciones de efectivo de los cajeros automáticos. Sacar dinero de un cajero es algo sumamente habitual y es una de las principales funciones de las tarjetas. Las de débito son las que habitualmente se suelen utilizar para sacar dinero ya que permiten hacerlo gratis, siempre y cuando se utilicen los cajeros propios de la entidad o aquellos con los que el banco haya llegado a un acuerdo. En caso contrario, se tendrá que hacer frente a una comisión que variará en función de la entidad propietaria del terminal y del banco emisor de la tarjeta. Por el contrario, al utilizar una tarjeta de crédito además de la comisión a la que se tendrá que hacer frente si se utiliza un cajero que no sea del banco (la misma que con las de débito) se tendrá que pagar un extra por sacar efectivo a crédito. En cualquier caso, ambos tipos de tarjetas nos permitirán sacar dinero en la mayoría de los cajeros del mundo en caso de necesidad, sea gratis o con coste.
  • Realizar transferencias de la línea de crédito a la cuenta corriente
  • Esta operación solo puede realizarse con una tarjeta de crédito, ya que son las únicas que están vinculadas a unos fondos ajenos al cliente, es decir, a una línea de crédito. El titular puede acceder a los fondos de la línea de crédito y o bien gastarlos al pagar con la tarjeta, o bien extraerlos por el cajero automático o bien realizar una transferencia a su cuenta corriente. Eso sí, no olvidemos que al utilizar la línea de crédito estaremos asumiendo una deuda cuyo importe deberemos devolver junto con los intereses devengados. Además de los intereses, seguramente la tarjeta de crédito lleve asociada una comisión por esta operación que también se deberá abonar. Cabe recordar que el importe máximo que podremos retirar de la línea de crédito será igual a su importe máximo y variará en función de cuáles sean nuestros ingresos.

  • Pagar recibos, recargar el saldo del móvil, etc.
  • Antes de realizar una operación, sobre todo si es a crédito, debemos conocer los costes que nos acarreará (comisiones, intereses, etc.) y valorar si nos sale a cuenta y si nuestra situación nos permite hacerles frente. Si, por ejemplo, vamos a realizar una compra a crédito, debemos previamente calcular cuánto dinero podremos devolver cada mes y a cuánto ascenderá el coste final de la operación. Otro caso: si vamos a sacar dinero con nuestra tarjeta de un cajero situado fuera de España, debemos valorar también el coste de la operación para que nos salga a cuenta.

5 ventajas que ofrecen las tarjetas

Más allá de la comodidad que ofrecen las tarjetas, al permitirnos prescindir del dinero en efectivo, y de las distintas modalidades de pago que las acompañan, que se adecuan a las diferentes necesidades de los clientes, la realidad es que estos medios de pago suelen incluir muchas otras ventajas que no todos los españoles conocen, pero que pueden ayudarnos a ahorrar varias decenas de euros al año. También pueden sernos muy útiles en el caso de viajar al extranjero, ya que muchas tarjetas, sobre todo las de crédito, incluyen seguros gratis que cubren contingencias como la pérdida del equipaje o un accidente en otro país. Es importante remarcar que no existe un paquete de ventajas estándar y que cada banco o financiera puede incluir los extras que considere oportunos en sus tarjetas, pero podríamos decir que las siguientes cinco ventajas son las más habituales y fáciles de encontrar en el mercado.

  • Tarjetas sin cuotas: es una de las ventajas más valoradas por los clientes que no quieren seguir pagando por la emisión y la tenencia de los "plásticos". Cada vez son más las entidades de crédito y las financieras que comercializan tarjetas sin cuotas de emisión y de renovación, es decir, tarjetas gratis año tras año, por lo que ya no hace falta seguir pagando por ellas. En ocasiones, para librarse de la comisión de mantenimiento se tendrá que cumplir algún requisito como, por ejemplo, realizar un gasto mínimo anual en compras, mientras que en otros casos la entidad no impondrá ninguna condición para que sus clientes puedan disfrutar de sus tarjetas gratis. Afortunadamente, se trata de una de las ventajas más fáciles de conseguir, por lo que si necesitamos una tarjeta de crédito o de débito, no debería ser complicado encontrar una que esté libre de costes.
  • Compras bonificadas: como gancho para captar a nuevos clientes y premiar su fidelidad, cada vez son más las entidades que bonifican las compras de sus clientes, es decir, que les devuelven un tanto por ciento de las compras que hayan realizado con la tarjeta en cuestión. La bonificación puede ser de hasta el 5 %. No obstante, en función del banco la devolución se aplicará sobre todas las compras o solo sobre las que se realicen en una serie de comercios o marcas concretas. Asimismo, dependiendo del banco el importe de la devolución puede variar según las compras que se hagan, siendo por ejemplo del 1 % para ciertas compras y del 3 % para otras. Es importante resaltar que, por lo general, estas ventajas están reservadas a las tarjetas de crédito y no suelen estar presentes en las de débito y menos aún en las prepago, aunque puede haber excepciones. Antes de dejarse seducir por esta ventaja es importante averiguar sobre qué compras se aplican las devoluciones (comercios, marcas, etc.) y si solo computan las compras pagadas a plazos, algo relativamente habitual. En general, los intereses a deber por las compras aplazadas siempre serán superiores a la bonificación, por lo que no deberíamos dejarnos cegar por este tipo de ventajas sin ver antes sus inconvenientes. Eso sí, si necesitamos financiar una compra, hacerlo con una tarjeta que aplique una bonificación puede acabar resultando muy barato, ya que si se resta el importe de la devolución a los intereses pagados, el TIN final será más bajo.
  • Descuentos en gasolineras: sin duda, se trata de una de las ventajas más valoradas por los conductores y también de una de las más explotadas por los bancos. Cada vez son más las entidades que ofrecen a sus clientes descuentos en carburante al utilizar sus tarjetas, ya sean de crédito o de débito. El ahorro puede ser incluso de más del 3 % sobre el importe del repostaje. Sin embargo, no todo son ventajas: los descuentos no se aplican sobre todas las gasolineras de España, sino que cada banco tiene acuerdos con una serie de marcas y sus tarjetas solo aplican los descuentos en unas estaciones de servicios específicas. Las gasolineras más típicas que se suman a este tipo de promociones gracias a los acuerdos a los que llegan con los proveedores de tarjetas son Repsol, Campsa y Petronor, Galp, Shell, Cepsa y BP. Aunque este tipo de descuentos puedan resultar muy atractivos, antes de utilizar las tarjetas en las estaciones de servicio adheridas a la promoción, vale la pena analizar el coste final del repostaje y si no sería más barato repostar en otra gasolinera en la que no se aplicase el descuento, pero que sus precios fuesen más económicos, como las low cost.
  • Descuentos en compras: si bien las promociones en gasolineras son habituales, las ventajas no se quedan ahí. La mayoría de los bancos han extendido los descuentos más allá de los repostajes en las estaciones de servicio y ofrecen un ahorro en forma de rebaja sobre las compras realizadas en muchos otros sectores; desde marcas de alimentación hasta agencias de viajes, tiendas de alimentación o grandes plataformas como Amazon. Cada vez son más las entidades que incluyen en sus tarjetas, tanto de crédito como de débito, programas de descuentos para ahorrar en compras realizadas en tiendas físicas y online. Se puede ahorrar en marcas de renombre como Amazon, Starbucks o Springfield y los descuentos pueden llegar a ser muy atractivos. Antes de aprovecharlos es importante conocer las condiciones y los pasos que hay que seguir para poder beneficiarse de ellos.
  • Seguros incluidos sin coste extra: aunque es una de las ventajas más desconocidas de las tarjetas, es la más habitual. La mayoría de las tarjetas, sobre todo las de crédito, incluyen seguros totalmente gratuitos que cubren al titular del plástico y que pueden resultarle muy útiles. Las pólizas más habituales son las de accidentes y asistencia en viajes, los de compra protegida y los seguros antifraude, por si un tercero utiliza la tarjeta de forma fraudulenta. Pueden resultar especialmente útiles los seguros que cubren situaciones como la hospitalización y los gastos médicos en el extranjero, el retraso y la pérdida de equipaje o la cancelación de un vuelo. Cuando contratamos una tarjeta, vale la pena solicitar a la entidad una copia del contrato del seguro para averiguar qué coberturas tiene, cuáles son los requisitos para usarlo y qué casos no están cubiertos, así como las franquicias y el teléfono de contacto.

Por muy suculentas que puedan resultar todas las ventajas anteriores, no debemos pasar por alto el resto de los aspectos que influyen en la calidad de una tarjeta como las comisiones, las cuotas de emisión y de renovación, el límite de crédito, los cajeros automáticos a los que da acceso gratis o los requisitos de emisión. De hecho, será necesario fijarse en estos puntos y compararlos con las ventajas que ofrece la tarjeta para saber si realmente vale la pena o, por el contrario, las ventajas no compensan el resto de condiciones.

Las comisiones más comunes asociadas a las tarjetas

Tal y como ocurre con el resto de los productos financieros, las tarjetas también pueden venir acompañadas de comisiones que dependerán de la operativa que se haga con ellas y de quién sea el emisor de la tarjeta. Mientras algunas entidades libran a sus clientes de las principales comisiones asociadas a estos medios de pago, otras cobran varias decenas de euros al año por ellas. Antes de aceptar una tarjeta, independientemente de su modalidad, debemos leer el contrato y, especialmente, el apartado relativo a las comisiones asociadas, donde podremos entender qué gastos incluye la tarjeta y a cuánto ascienden. A continuación, las seis comisiones más frecuentas relacionadas los "plásticos":

  • Comisión de emisión: es la tarifa que aplican los bancos y las financieras por la emisión de una tarjeta. Se trata de una cuota única que se abona en el momento de la concesión y no se debe confundir con la comisión de mantenimiento que aplican las entidades cada cierto tiempo. Su cargo responde a los costes en los que incurre la entidad por la fabricación y la estampación de la tarjeta, así como por los esfuerzos administrativos que supone la gestión de la solicitud y su análisis, sobre todo si se trata de una tarjeta de crédito que requiere un estudio en profundidad del historial y de la solvencia del cliente. Además, el importe de la cuota de emisión también suele estar condicionado a las ventajas que ofrece la tarjeta (seguros gratuitos incluidos, descuentos en comercios, bonificación de las compras, acceso a salas VIP de aeropuertos...) así como a sus características financieras (importe de la línea de crédito...). Por lo general, esta comisión es fácil de evitar, ya que son muchas las entidades que ofrecen este servicio de forma gratuita a los clientes interesados en una tarjeta, aunque a veces esa gratuidad se traduce en la aceptación de una serie de términos relativos a la vinculación que se deberán valorar previamente.
  • Cuota de mantenimiento: es la comisión que hay que pagar al banco o a la financiera por la tenencia de la tarjeta y, en función de la entidad, por lo general se abona trimestral, semestral o anualmente. Puede llegar a suponer un desembolso considerable; sin embargo, es fácil librarse de ella. Muchos bancos no cobran esta cuota a sus clientes y otros la eliminan si el cliente cumple una serie de requisitos como, por ejemplo, estar vinculado o realizar un gasto mínimo anual con el "plástico".
  • Comisión por solicitar una tarjeta extra: algunas entidades pueden cobrar una comisión a los clientes que soliciten una tarjeta adicional asociada a una misma cuenta. Es una práctica muy habitual; por lo general, la banca solo da una tarjeta por cada cuenta, pero aquellas cuentas en las que hay más de un titular o varios autorizados, pueden necesitar varias tarjetas vinculadas. En ese caso, hay que preguntar antes al banco si las tarjetas adicionales son gratis o tienen coste.
  • Comisión por duplicado de la tarjeta: en el caso de que queramos solicitar un duplicado de nuestra tarjeta porque, por ejemplo, la hayamos perdido, antes debemos preguntar si esta operación tiene coste, ya que puede ser que no sea gratis.
  • Comisión por retirada de efectivo en cajeros a débito: es la tasa que nos cobra el banco por sacar dinero con una tarjeta de débito en un cajero automático. En general, todos los bancos ofrecen a sus clientes la posibilidad de sacar dinero gratis de su parque de cajeros sin coste alguno. La diferencia es que algunos bancos tienen un centenar de terminales y otros varios miles. En ocasiones, el banco puede dejarnos utilizar los cajeros de otros bancos a coste cero o pagando una comisión inferior a la que se pagaría de "nomal" porque ambas entidades han llegado a un acuerdo o porque nuestro banco ha decidido no repercutirnos la comisión que le cargue el propietario de la máquina. En cualquier caso, debemos tener claro que el banco propietario del terminal es el que fija la comisión, pero no nos la cobra a nosotros directamente, sino que se la traslada a nuestro banco y este es el que decide si la asume él o nos la repercute a nosotros.
  • Comisión por retirada de efectivo en cajero a crédito: retirar efectivo con una tarjeta de crédito implica no solo tener que hacer frente a las comisiones por utilizar el terminal, sino asumir una deuda, ya que al retirar efectivo a crédito se están utilizando los fondos de la línea de crédito, que no son nuestros, y, por lo tanto, habrá que devolverlos junto con los intereses que se devenguen. Además de los intereses, habrá que pagar la comisión que le cargue el propietario del cajero a nuestro banco, que será la misma que la de sacar dinero a débito, y una comisión extra que nos cobrará nuestro banco por sacar dinero a crédito.

Las comisiones anteriores son las más habituales y suelen afectar por igual a las de crédito y a las de débito, pero hay otros gastos que no deberíamos pasar por alto. Por ejemplo, algunas tarjetas prepago pueden aplicar una comisión por cada recarga de saldo que se haga o las tarjetas de crédito, si se utilizan con la modalidad de pago aplazado, generarán intereses a favor del banco o de la financiera que se deberán abonar en el plazo acordado. Y si se hace una transferencia de la línea de crédito a la cuenta corriente, además de intereses, también habrá que pagar una comisión por realizar la operación.

No obstante, es importante tener claro cuáles son las comisiones que acostumbran a aplicar los bancos y las financieras en las tarjetas. Sin embargo, hoy en día es posible encontrar tarjetas sin comisiones, es decir, gratuitas, sobre todo si se domicilia la nómina en el banco que nos la concede.

¿Cómo escoger una tarjeta?

Elegir entre un tipo de tarjeta u otro no siempre es fácil. A veces, podemos dejarnos tentar por "plásticos" que parecen muy atractivos por sus ventajas, pero que a la larga nos van a salir caros o que, simplemente, no van a suplir nuestras necesidades. Antes de contratar una tarjeta, debemos estudiar atentamente sus costes y las funciones que ofrece. Para comprender qué tipo de tarjeta es la que mejor nos va a ir, si una de crédito, una de débito o una prepago, podemos hacernos cinco preguntas que nos ayudarán a encontrar la respuesta:

  • ¿Para qué necesitamos la tarjeta? ¿La queremos únicamente como monedero de plástico para prescindir del efectivo y sacar dinero cuando lo necesitemos, la queremos para financiar compras y pagarlas a plazos o la necesitamos para comprar por Internet?
  • ¿Nuestro historial crediticio es bueno? En caso contrario, por ejemplo, si estamos sobrendeudados o incluidos en algún fichero de morosos, difícilmente podremos contratar una tarjeta de crédito.
  • ¿Estamos dispuestos a abonar comisiones o queremos que la tarjeta sea gratis y esté exenta de gastos?
  • ¿Qué tipo de ventajas pretendemos conseguir? ¿Conducimos habitualmente y queremos descuentos al repostar carburante, preferimos la devolución de una parte de las compras, queremos tarjetas con programa de puntos...?
  • ¿Queremos utilizar nuestras tarjetas para pagar a plazos nuestras compras?.

Dónde contratar tarjetas de crédito, débito o prepago

Si queremos contratar una tarjeta de débito, tendremos que acudir a un banco. Este tipo de tarjetas están conectadas directamente con una cuenta corriente abierta en la misma entidad y sólo los bancos tienen la potestad de abrir cuentas a la vista. Sin embargo, las tarjetas de crédito pueden comercializarlas tanto los bancos como las financieras, ya que en ocasiones pueden asociarse a una cuenta corriente en otra entidad. En lo que respecta a las tarjetas prepago, estas tampoco son exclusivas de los bancos, sino que pueden encontrarse también en empresas de medios de pago, financieras. etc.

Gracias a la digitalización que ha vivido el sector durante los últimos años, ahora ya no hace falta desplazarse hasta una sucursal para solicitar una tarjeta nueva. Cada vez es más habitual solicitar nuevos "plásticos" a través de Internet. De hecho,en algunos casos es imprescindible, sobre todo en la banca online y en las financieras, que no tienen apenas presencia física. Los clientes de un banco acostumbran a poder pedir tarjetas nuevas a través de su banca a distancia y también es posible contratar nuevos "plásticos" por Internet en entidades con las que no se tiene una relación previa, sobre todo cuando se trata de tarjetas sin cambiar de banco.

Si la solicitud se hace de forma presencial en una oficina, probablemente nos den a escoger entre recibir el "plástico" en nuestro domicilio o ir a recogerlo a la sucursal. Por el contrario, si se trata de una entidad online, sin apenas oficinas, la única opción será recibir la tarjeta por correo postal. El plazo de recepción puede demorarse hasta un par de semanas, dependiendo de la entidad emisora. Una vez recibida, tendremos que seguir las instrucciones del banco o financiera para activarla. Este proceso suele ser muy sencillo y basta con entrar en la web del emisor, llamar por teléfono o acudir a un cajero a darla de alta.

¿Solo las entidades financieras emiten tarjetas?

Fuera de los bancos y de las financieras también podemos contratar tarjetas, sobre todo en grandes almacenes y grandes cadenas comerciales cuyo objetivo es fidelizar a los clientes. En ocasiones, se tratará de "plásticos" cuyo único objetivo es incentivar al cliente a comprar en la tienda ofreciéndole a cambio puntos o descuentos y a veces, si la tienda está asociada a alguna financiera, serán tarjetas para financiar compras.

De esta manera, si somos clientes de esas marcas y abonamos las compras con esos plásticos o los enseñamos cuando pasemos por caja podremos disfrutar de descuentos, programas de puntos, promociones o condiciones exclusivas de financiación. Debemos saber que, por lo general, estas tarjetas solo pueden usarse en los establecimientos que las han emitido.

Asimismo, con este tipo de tarjetas podemos conseguir promociones y otras ventajas que hacen de ellas un producto muy beneficioso para los usuarios . Con estas tarjetas de establecimientos o de supermercados podemos beneficiarnos de programas de puntos, devolución de un porcentaje de las compras realizadas en establecimientos y otras condiciones exclusivas de financiación.

¿Tarjeta de crédito o de débito?

Con todo lo anterior ya deberíamos saber la diferencia entre una tarjeta de crédito y una de débito y sobre las funcionalidades que incorpora cada una. No obstante, si aún no tenemos claro cuál de los dos tipos principales nos interesa más, si una tarjeta de crédito o una de débito, podemos preguntarnos lo siguiente:

  1. ¿Tenemos intención de aplazar el pago de las compras? Si la respuesta es afirmativa, entonces la única opción disponible es la tarjeta de crédito, ya que la de débito no permite aplazar pagos. No obstante, antes de fraccionar el pago de una compra con una tarjeta de crédito, es importante conocer sus condiciones, la modalidad de pago concreta que lleva incorporada y el coste de la operación (los intereses).
  2. ¿Preferimos que el saldo dispuesto se nos descuente al momento o todo de golpe a final de mes? Si no queremos financiar nuestras compras, pero nos resulta más cómodo que todo el dinero que hayamos gastado se nos descuente a final de mes, tendremos que decantarnos por una tarjeta de crédito con pago total a fin de mes. Esta modalidad de pago no incluye intereses, pero requerirá que en la fecha en la que la entidad pase el recibo tengamos el dinero suficiente. Si, por el contrario, preferimos que el dinero gastado se descuente de la cuenta en el momento en el que se utilice y que se registren todos los gastos realizados en la cuenta a medida que se vayan haciendo, necesitaremos una tarjeta de débito.
  3. ¿Tenemos capacidad para asumir deudas? Si nuestra capacidad de endeudamiento es nula, bien porque apenas contamos con ingresos y no tenemos ahorros bien porque ya estamos muy endeudados y no podemos asumir pasivos nuevos, lo mejor será decantarnos por una tarjeta de débito que no nos permitirá asumir más deudas. No olvidemos que en el momento en el que pasamos una tarjeta de crédito por un datáfono, estamos asumiendo un compromiso de pago futuro, ya que el capital que utilizamos no nos pertenece, incluso si la modalidad de pago activada es la de pago a fin de mes. O sea que todo el dinero gastado a crédito se tendrá que devolver en un momento u otro, ya sea de golpe a final de mes sin intereses o en cuotas mensuales con intereses.
  4. ¿Somos capaces de gestionar correctamente nuestras finanzas? Las tarjetas de crédito nos exigen ser más responsables y, sobre todo, previsores, ya que asumiremos una deuda con la entidad cada vez que las usemos y tendremos que contar con los fondos necesarios para saldarla en las fechas acordadas. Si no somos capaces de gestionar correctamente nuestras finanzas y preferimos no correr riesgos y no asumir ninguna deuda, podemos optar por las tarjetas de débito que, salvo en contadas excepciones en las que admiten descubiertos, solo nos dejarán usar nuestro dinero.

Las tarjetas de crédito también incluyen más descuentos y seguros gratuitos que las tarjetas de débito. Sin embargo, si no controlamos bien nuestros gastos, no es una buena idea contratar una tarjeta de crédito . En cambio, las tarjetas de débito son mucho más seguras si no se nos da bien planificar nuestras finanzas . Con estas tarjetas podemos realizar todo tipo de compras aunque no tengamos dinero encima, pero no podremos financiarlas. Asimismo, las tarjetas de crédito pueden ser ventajosas por todos los descuentos, promociones, regalos o seguros de los que podemos beneficiarnos.

Si todavía tenemos alguna duda sobre qué tipo de tarjeta nos puede ir mejor, podemos descargarnos la guía gratuita de HelpMyCash '¿Qué tarjeta te conviene más? El test de las 9 preguntas?'. Gracias a esta útil herramienta aprenderemos qué tipos de tarjetas bancarias existen, cuánto cuesta pagar a plazos y en qué aspectos debemos fijarnos para elegir la tarjeta que más nos conviene.


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Tarjetas "revolving" - Ventajas y desventajas

Cuando hablamos de tarjetas revolving nos referimos a los "plásticos" pensados para aplazar el pago de las compras. Están diseñadas para financiar las compras y asociadas a una línea de crédito que se irá agotando o reponiendo a medida que vayamos gastando y devolviendo el saldo dispuesto. Utilizar este tipo de tarjetas implica abonar intereses por las compras realizadas, independientemente de si se escoge la opción de pagar una cuota fija cada mes o de devolver un tanto por ciento de la deuda mensualmente.

Lo que define a este tipo de tarjetas, las revolving, es que ofrecen al cliente la posibilidad de seguir reutilizando el crédito, a medida que se vaya liquidando lo que ya hemos utilizado, es decir, progresivamente dispondremos del mismo dinero que vayamos reembolsando.

Antes de utilizar los plásticos revolving es importante conocer todos los riesgos que entraña su uso: por un lado, al ser una especie de "préstamo recargable" pueden incentivar el consumo y acabar propiciando el sobrendeudamiento del titular, es decir, consumir por encima de nuestras posibilidades; por el otro, si la deuda se devuelve muy lentamente y en un plazo muy largo, las cuotas serán cómodas, pero el importe pagado al final del plazo será considerablemente mayor que el saldo dispuesto debido a los intereses. Además, debemos tener en cuenta que los intereses de una tarjeta revolving pueden ser hasta 4 veces más altos que los de un préstamo personal.

Tecnología sin contacto o 'contactless'

Las aplicación de las últimas innovaciones tecnológicas al servicio de los medios de pago ha revolucionado el mundo de las tarjetas. Una de las novedades más interesantes de los últimos años y que mayor aceptación ha tenido ha sido las tarjetas contactless que permiten abonar el importe de una compra acercando la tarjeta al datáfono, sin necesidad de introducirla en el TPV ni de deslizar la banda magnética por el aparato. Lo que ha permitido pagar de forma más cómoda y rápida. Eso sí, para poder utilizar esta tecnología es necesario que tanto el "plástico" como el datáfono de la tienda la tengan incorporada, algo que cada vez es más habitual.

Gracias a esta nueva tecnología, el proceso de pago de una compra en un comercio es mucho más rápido, ya que evitamos tener que deslizar la banda magnética de la tarjeta por el datáfono o introducirla dentro del TPV si funciona con chip. Además, si la compra es por un importe inferior a 20 euros, ni siquiera será necesario introducir el código PIN a la hora de procesar la operación. La mayoría de los bancos dan la opción de cambiar el límite, por lo que si un cliente quiere introducir siempre el PIN, seguramente podrá cambiar esta opción.

Pagar con el móvil, el sustituto de las tarjetas

Aunque el pago sin hilos, conocido como tecnología contactless, revolucionó los pagos con tarjeta, los proveedores de medios de pago han seguido innovando para ofrecer al usuario una experiencia más rápida y cómoda. Tras las tarjetas contactless llegaron las pulseras sin hilos y ahora se está imponiendo el pago con móvil. Así es, ahora los consumidores pueden abonar sus compras en una gran cantidad de comercios pasando su smartphone por encima del TPV, sin necesidad de deslizar su tarjeta. Para poder efectuar una compra con esa tecnología es necesario, primero, disponer de un teléfono móvil, segundo, que este tenga tecnología NFC o que el cliente le enganche una etiqueta contactless y, tercero, que el datáfono acepte estos pagos, algo cada vez más extendido.

El funcionamiento de los pagos con móviles es parecido al pago contactless con tarjeta:

  • Descargar la aplicación y asociar las tarjetas que queramos utilizar. Si hemos optado por la app del propio banco, solo podremos vincular las tarjetas emitidas por la propia entidad, mientras que si hemos descargado un wallet independiente, seguramente admitirá tarjetas de varios bancos.
  • A la hora de pagar, entramos en la aplicación con nuestro usuario y contraseña, y escogemos la tarjeta con la que queremos pagar.
  • Acercamos nuestro teléfono al datáfono (debemos asegurarnos antes de que nuestro móvil cuenta con la tecnología NFC o lleva el sticker pegado).
  • Pagamos. Si la compra es inferior a 20 euros y no hemos indicado lo contrario, no hará falta que introduzcamos el código PIN. Si es superior, entonces sí tendremos que introducirlo.

Cuando el pago se haya realizado nos llegará una notificación al móvil. En el supuesto de que nos roben o nos substraigan nuestro teléfono móvil, podremos acceder desde cualquier otro dispositivo con acceso a Internet y cancelar nuestra suscripción a la aplicación para evitar cualquier problema que podamos tener.

¿Se pueden utilizar las tarjetas en el extranjero?

Las tarjetas de crédito y de débito son un medio de pago ideal para llevar en la cartera cuando se cruza la frontera, primero porque nos permiten evitar llevar ingentes cantidades de efectivo para poder costear todo el viaje y, segundo, porque nos aportan seguridad. Actualmente, la mayoría de las tarjetas comercializadas en España pueden usarse para sacar dinero o abonar compras en cualquier parte del mundo. Es recomendable salir de casa con más de una tarjeta por si alguna de ellas no funciona, se pierde o se la "traga" un cajero. Así, si surge cualquier complicación, evitaremos quedarnos sin una tarjeta con la que operar.

Vale la pena averiguar, antes de utilizar una tarjeta fuera de España, cuáles son los costes asociados. Por lo general, los bancos suelen penalizar las extracciones de efectivo en el extranjero con una comisión que puede llegar a ser, incluso, del 4 % sobre el importe retirado, con un mínimo de tres o cuatro euros, aunque si el cajero está situado en la eurozona el precio puede ser menor. Sin embargo, algunos bancos permiten sacar dinero fuera de España gratis. Es cuestión de preguntar. Además, sacar dinero o pagar una compra con una de nuestras tarjetas en una moneda extranjera no suele ser gratis tampoco. Pero ambas comisiones se pueden evitar eligiendo bien el banco.

De entre todos los "plásticos" disponibles en el mercado, las tarjetas de crédito son las que más ventajas nos pueden reportar al hacer un viaje, ya que acostumbran a incluir seguros muy interesantes de asistencia en el extranjero que cubren situaciones como la hospitalización, los gastos derivados de un accidente, la pérdida o el retraso del equipaje, etc. Eso sí, antes de utilizarlos debemos leer las condiciones y saber cuál es el procedimiento y las condiciones para disfrutar de las coberturas.

¿Qué es el CVV de una tarjeta bancaria?

El CVV ( card verification value) o CVC (card verification code) es un grupo de tres o cuatro dígitos que incrementa la seguridad de las tarjetas y sirve para garantizar que es el titular del "plástico" el que realmente la utiliza. El objetivo de estos números es evitar el uso fraudulento de la tarjeta por parte de un tercero e incrementar los niveles de seguridad, sobre todo en las compras en las que la tarjeta no está físicamente, es decir, en las compras online.

A pesar de que su nombre, incluso sus siglas, no sea demasiado conocido, el uso del CVV está muy extendido entre las personas que utilizan sus tarjetas para comprar por Internet, ya que la mayoría de las veces para abonar una compra es necesario introducir estos dígitos, junto con el número del plástico, el nombre del titular que aparece impreso en la tarjeta y su fecha de caducidad. El objetivo es añadir un grado mayor de seguridad y asegurar que la persona que está realizando la compra realmente lleva la tarjeta consigo.Existen dos tipos de CVV: el de tipo 1, que está encriptado en la banda magnética de la tarjeta y que el TPV se encarga de leer automáticamente cuando el "plástico" se introduce dentro o se desliza por encima de él (así el banco se asegura de que el vendedor tiene realmente la tarjeta) y el de tipo 2, que es el que aparece grabado en la superficie de la tarjeta y el que utiliza el consumidor conscientemente.

Por lo general, el CVV puede encontrarse en la parte trasera de la tarjetas Visa y MasterCard, en el recuadro de la firma. Pueden aparecer los números aislados o junto al resto de los dígitos que identifican a la tarjeta, en cuyo caso el CVV serán las últimas cifras. En el caso de las tarjetas American Express, el código de seguridad, llamado CID, se encuentra en el anverso del "plástico".

He perdido o me han robado la tarjeta, ¿qué hago?

Puede ocurrir que en algún momento perdamos una de nuestras tarjetas o, incluso, que alguien nos la robe. En esos casos, debemos actuar con la mayor rapidez posible para evitar que un tercero pueda hacer uso de nuestra tarjeta sin permiso y de forma fraudulenta, con las consecuencias que eso podría tener para nuestro bolsillo. Si nos vemos en esta tesitura, bastará con seguir los cuatro pasos siguientes para solucionar el problema:

  1. Bloquear la tarjeta: lo primero que tenemos que hacer en el caso de que perdamos o nos roben una de nuestras tarjetas es bloquearla para que nadie pueda utilizarla. Aunque tenemos que dar este paso con la mayor celeridad posible para evitar un uso fraudulento del medio de pago, antes de ordenar el bloqueo debemos cerciorarnos de que realmente no la tenemos, ya que una vez cancelada, nadie podrá usarla, ni siquiera nosotros mismos si la recuperamos. Bloquear una tarjeta es muy sencillo y tenemos varios canales para hacerlo: podemos llamar al número de teléfono que todos los bancos tienen activado para ese fin y que está operativo cualquier día a cualquier hora, podemos anularla en una oficina, podemos cancelarla a través de la app del móvil o accediendo a la banca virtual.
  2. Poner una denuncia ante las autoridades: si hemos tenido la mala suerte de sufrir un robo o en un descuido hemos sido víctimas de un hurto, deberíamos formalizar la correspondiente denuncia en la comisaría de policía. De esta manera dejaremos constancia del robo.
  3. Revisar los movimientos de la tarjeta: consultar de vez en cuando los movimientos de nuestras cuentas y de nuestras tarjetas debería ser una costumbre, ya que nos permitiría detectar cargos no reconocidos y posibles usos fraudulentos de nuestro dinero. Para comprobar los movimientos relativos a nuestra tarjeta de débito solo debemos mirar el extracto de la cuenta asociada y si queremos revisar los cargos asociados a la tarjeta de crédito, podemos revisar el extracto de esta. Aunque deberíamos hacerlo regularmente por simple precacución, con más razón aún si nos han robado la tarjeta o la hemos perdido.
  4. Solicitar una nueva tarjeta: si hemos bloqueado una de nuestras tarjetas, ya sea porque la hemos perdido, porque la han clonado o porque, directamente, nos la han robado, tendremos que bloquearla y solicitar una nueva. Recordemos que una vez bloqueada, no podremos usarla incluso si llegásemos a encontrarla. Así que en caso de pérdida o robo y una vez cancelado el "plástico" y hechos los trámites oportunos, no tendremos más remedio que solicitar una tarjeta nueva para poder volver a operar con normalidad. Para ello, podemos acudir a nuestra oficina del banco, solicitarla por teléfono, a través de la banca a distancia o, incluso, mediante la app del banco. La recepción del "plástico" nuevo podría tardar hasta un par de semanas.

Es importante que sepamos que en caso de pérdida o robo de una tarjeta que posteriormente se utilice fraudulentamente nos tendremos que hacer cargo de los primeros 150 euros hasta que avisemos a la entidad.

Después de realizar la denuncia, la entidad se hará cargo si no ha habido un comportamiento negligente por nuestra parte . Es decir, que como titulares no tomáramos las medidas de seguridad para proteger nuestra tarjeta y su número secreto (tener apuntado el código en el propio plástico o en un papel dentro de la cartera, por ejemplo) o si nos demoramos en hacer constar a las autoridades y a nuestro banco de su extravío o sustracción

Medidas de seguridad a tomar con las tarjetas bancarias

Con todos los avances tecnológicos y el afán de los emisores de tarjetas y de los bancos por hacer sus tarjetas más seguras, operar hoy en día con estos medios de pago es, en principio, seguro. No obstante, existen, como en todo, ciertos riesgos. El principal es que alguien utilice nuestra tarjeta de forma fraudulenta, ya sea porque la hemos perdido o porque la han clonado. Para evitar este tipo de situaciones, conviene tomar ciertas medidas de precaución que nos podrán evitar más de un susto:

  • Tener cuidado al utilizar un cajero automático: aunque usar los cajeros para retirar efectivo es una operación segura, debemos vigilar que nadie haya trucado el terminal con el objetivo de duplicar nuestra tarjeta y robarnos los datos para luego utilizarla de forma fraudulenta, con el consiguiente perjuicio que eso podría conllevarnos. Así que antes de utilizar un cajero deberíamos tomar tres medidas de precaución: en primer lugar, comprobar que el dispensador no ha sido manipulado y que no tiene elementos móviles que no le pertenecen, sobre todo en el teclado y en el lector de tarjetas; en segundo lugar, tapar nuestra mano en el momento de introducir el código PIN, para evitar que una cámara pueda registrar nuestros movimientos y otros puedan averiguar cuál es; y, en tercer lugar, ser discretos y evitar que el resto de personas que hayan por la zona vean qué hacemos.
  • Aprenderse de memoria el código PIN de las tarjetas: el código PIN de una tarjeta es la llave que nos permitirá utilizar el plástico en un cajero para sacar dinero o en una tienda para realizar una compra. Es decir, que conociendo el PIN se puede acceder al saldo. Por ello, es importante aprenderse el código PIN de memoria de todas las tarjetas que tengamos o de las que usemos habitualmente y llevemos en la cartera y nunca llevarlo apuntado junto con el "plástico" al que hace referencia para que, en caso de robo o pérdida, no puedan utilizar la tarjeta de forma fraudulenta. Siempre podemos optar por alternativas discretas como agendarlos en el teléfono como números, apuntarlos como referencias a otros temas, etc.
  • Bloquear la tarjeta en caso de robo o extravío: si lamentablemente perdemos alguna de nuestras tarjetas o nos la roban, lo primero que tenemos que hacer y con la mayor prontitud posible es bloquearla para que nadie pueda usarla y provocar un daño mayor. Una vez cancelada, tendremos que solicitar otra, incluso si la encontramos. Si necesitamos bloquear una tarjeta de crédito o débito solo tenemos que llamar al teléfono que todas las entidades tienen disponible para estos casos. A veces, también es posible realizar la cancelación a través de una aplicación móvil o a través de los teléfonos que hay en los cajeros automáticos.
  • Actuar si el cajero no expulsa nuestra tarjeta: es más habitual de lo que parece que después de realizar una operación, cuando ya hemos terminado, el cajero automático no expulse nuestra tarjeta. Lo que coloquialmente se conoce como "tragarse la tarjeta". Si nos ocurre esto, lo primero que debemos hacer es entrar en la oficina a la que pertenezca el cajero y decírselo a algún trabajador para que, si puede, nos la devuelva. Si se da el caso de que el cajero está desplazado y no pertenece a ninguna oficina o de que la sucursal está cerrada, lo que debemos hacer es llamar al teléfono que aparezca en el terminal y comunicar que la máquina se ha "tragado" nuestra tarjeta. Ellos nos dirán cómo proceder en tal caso, pero lo más probable es que nos cancelen la tarjeta y nos den una nueva.
  • Verificar las notificaciones de la aplicación: si tenemos descargada la aplicación de nuestro banco, nos llegarán notificaciones cada vez que realicemos un gasto (saquemos dinero o abonemos una compra) con nuestra tarjeta. De esta manera, podremos controlar los movimientos de nuestra tarjeta y descubrir si se ha utilizado de forma fraudulenta en tiempo real. Además, algunas apps ofrecen funciones relativas a la seguridad que pueden ser útiles como la posibilidad de "apagar" y "encender" la tarjeta o la opción de bloquearla permanentemente o durante un período de tiempo determinado.

FAQ: ¿Cómo te puede ayudar esta página?

A continuación, te presentamos algunas de las dudas más frecuentes que solemos tener en relación con las tarjetas, sean del tipo que sean, como, por ejemplo, cuánto tardan en concederlas, por qué nos han denegado una solicitud o cómo se bloquean en caso de robo o extravío.

¿Cómo puedo solicitar una tarjeta?

Contratar una tarjeta, sea del tipo que sea, es muy fácil. Solo es necesario acudir a una oficina de la entidad que comercializa la tarjeta de crédito, débito o prepago que queramos y solicitarla o bien realizar los trámites por Internet o teléfono si existe esa posibilidad. Eso sí, si bien algunas tarjetas no requieren cambiar de banco, sobre todo las financieras, si queremos una tarjeta bancaria lo más probable es que necesitemos tener abierta una cuenta en la entidad, por lo que tendremos que tramitar su apertura. En cuanto al procedimiento en sí, si ya somos clientes de la entidad bastará con pedir la tarjeta y ellos comprobarán si cumplimos el perfil para tenerla. Si somos nuevos clientes, será necesario rellenar un formulario con nuestros datos, así como adjuntar la documentación correspondiente y enseñar nuestro DNI para que la compañía pueda verificar quiénes somos.

¿Por qué no me conceden una tarjeta de crédito?

A diferencia de las tarjetas de débito y de las prepago, que actúan como simples monederos y que, salvo en casos concretos en los que admiten descubiertos, no permiten a su titular endeudarse, las tarjetas de crédito implican la concesión de una línea de crédito a su titular, por lo que el riesgo que acarrea la entidad emisora es mucho mayor con este tipo de plásticos. De ahí que sean las más difíciles de conseguir. Cuando solicitamos una, el banco o la financiera que haya recibido la solicitud estudiará con detenimiento nuestra situación financiera (ingresos regulares, gastos fijos, situación laboral...), así como nuestro historial crediticio (deudas vigentes, impagos, si nuestro nombre aparece en un fichero de morosos...). Si tras enviar la solicitud el banco nos deniega la tarjeta de crédito, significará que no hemos superado sus criterios de concesión. Las razones podrían ser muchas: estamos en ASNEF, no disponemos de una situación laboral estable, nuestros ingresos no son suficientes, estamos sobrendeudados... En cualquier caso, si nos deniegan el plástico, siempre podemos acudir a otra de las muchas entidades emisoras de tarjetas de crédito que existen en el mercado.

¿Cuánto tiempo tardaré en recibir mi tarjeta?

Dependerá de la entidad a la que se la hayamos solicitado, del volumen de trabajo que tenga en ese momento, de su política relativa a los plazos, etc. En ocasiones, podremos conseguir nuestra tarjeta al momento (solo si acudimos a una oficina) mientras que en otras tendremos que esperar días o, incluso, una o dos semanas para que nos llegue. En principio, la velocidad de recepción del "plástico" dependerá del proceso de solicitud (si se realiza a distancia o en una oficina), de cuán rápidos seamos enviando toda la documentación, de si el banco manda la tarjeta a casa o la envía a una sucursal, etc. Tampoco debemos olvidar que el proceso de aceptación de la solicitud de una tarjeta de crédito es más lento que el de una de débito, ya que la primera requiere un análisis de riesgo mayor y un estudio crediticio del cliente, mientras que con la de débito la entidad apenas asume riesgos, pues el cliente solo puede gastar el dinero que tenga en la cuenta.

¿Qué debo hacer para activar las tarjetas que contrate?

Activar una tarjeta, sea del tipo que sea, es muy sencillo y apenas requiere esfuerzos. Una vez la hayamos recibido en nuestra oficina o en casa, solo tendremos que seguir las instrucciones que nos haya comunicado la entidad para proceder a su activación. Por lo general, basta con llamar por teléfono al banco o entrar en la banca online para poder empezar a utilizarla. En ocasiones, también es posible activar las tarjetas a través de un cajero o de la app del móvil. Sea cual sea el método de activación que utilicemos, antes de empezar a utilizar una tarjeta debemos cerciorarnos de que realmente está operativa y, si es una tarjeta de crédito, debemos saber cuál es la modalidad de pago que lleva instalada por defecto y cambiarla si procede.

¿Puedo comprar con mis tarjetas a través de Internet?

Sí se puede y es una práctica muy habitual. Se pueden comprar bienes y contratar servicios por la red y pagar con una de nuestras tarjetas sea del tipo que sea, bastará con seguir los pasos que la página web vaya indicándonos. Por lo general, será suficiente con introducir los datos de la tarjeta: número, CVV, nombre del titular y fecha de caducidad. En ocasiones será necesario también introducir un código recibido por SMS para completar la transacción. En cualquier caso, antes de introducir datos tan sensibles como los de nuestra tarjeta en una web, debemos comprobar que la página por la que estamos intentando comprar es segura. Podemos hacerlo revisando la URL de la web, para cerciorarnos de que realmente es la página en la que creíamos estar y no una imitación, fijándonos en que empiece por "https" y que, además, tenga un símbolo con un candado de color verde en la parte izquierda de la barra de direcciones.

¿Se puede aumentar el límite de las tarjetas de crédito?

Afirmativo. Los límites de una tarjeta de crédito pueden aumentarse y también reducirse tanto a petición del titular como a discreción del banco. En el caso de querer aumentar el límite del crédito, será necesario ponerse en contacto con la entidad o solicitarlo a través de la banca a distancia. Una vez remitida la solicitud, la entidad la valorará según sus criterios de riesgo y procederá o bien a aumentar la línea de la tarjeta de crédito o bien la dejará tal cual y rechazará la solicitud. Por otra parte, siempre que no superemos el máximo que nos conceda la entidad, podemos ir variando otros límites como el máximo que se puede sacar al día en un cajero o el máximo que se puede gastar en tiendas.

¿Cómo se bloquean las tarjetas?

Cancelar una tarjeta, sea del tipo que sea, generalmente, es un proceso muy sencillo. Tan solo hace falta llamar al teléfono que el banco o la entidad emisora del "plástico" tenga establecido para tal efecto e informar de nuestra decisión de bloquearla. Normalmente, este teléfono está operativo a cualquier hora todos los días del año, por lo que atienden peticiones en cualquier momento. En algunos casos, hay entidades que ofrecen a sus clientes la opción de bloquear las tarjetas a través de la banca online o de la app del móvil. En el caso de robo, deberemos interponer una denuncia en una comisaría de policía, para evitar estar protegidos ante un uso ilegal de ellas. Tendremos que guardar la copia de la denuncia para que podamos reclamar ante nuestra entidad en caso de que se produzca un uso fraudulento.

Sobre esta página

Para qué sirve esta página sobre tarjetas: en el siguiente texto podremos encontrar toda la información que necesitamos para conocer los distintos tipos de tarjetas que podemos encontrar actualmente en el mercado e información para que podamos elegirlas correctamente. Las tarjetas de crédito, débito y prepago tienen unas características que las harán más o menos recomendables según cuál sea nuestro perfil financiero y para qué queramos utilizarlas.

Fuente: los datos y la información relativos a las tarjetas, tanto de crédito como de débito y prepago, que aparece en este artículo proceden de la investigación y de la experiencia de los expertos que forman parte del equipo de HelpMyCash.com, así como del análisis de las distintas ofertas que existen actualmente en el mercado y de fuentes oficiales como el portal virtual del Banco de España.

Metodología: para poder redactar este artículo se han analizado los datos y la información existente sobre este medio de pago mediante un análisis llevado a cabo por el equipo que forma el comparador HelpMyCash.

Sobre HelpMyCash.com: somos un comparador online compuesto por un equipo de especialistas en finanzas. A través de nuestro portal, el usuario podrá comparar diferentes productos de finanzas personales y de economía del hogar, además de acceder a una información de calidad, lo que le permitirá escoger el producto más barato.

Aviso: todos los servicios ofrecidos por el comparador online HelpMyCash.com al usuario son gratuitos. HelpMyCash obtiene sus ingresos de sus productos destacados y de la publicidad. Podemos recibir una compensación por los clientes generados a través de nuestra plataforma.

Te escuchamos: en HelpMyCash.com queremos escucharte y, sobre todo, solucionar tus dudas. Por ello, disponemos de dos canales de contacto para que nos remitas tus dudas sobre productos (foro financiero) o tus sugerencias, consultas o quejas (e-mail):


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Devolución pagos tarjeta evo

Tengo una tarjeta evo he gastado 1200 euros el día 1 de septiembre tengo que devolver los 1200 o la cuota actualidad del 2.5 %.Estoy preocupado.

David Candelas 12/08/2017 | 0 respuesta/s

Avatar  de Irene 1980

puente cash

Buenas quisiera saber cuantos dias tardan en hacerte el ingreso del puente cash una vez aprobada la solicitud ? Hay que esperar a recibir la tarjeta o si has puesto si en el contrato lo hacen directamente ? Hay que hacer algun tramite mas ? Y que dia te cobran el recibo gracias

Irene 1980 12/08/2017 | 0 respuesta/s

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