compras online

El confinamiento y el cierre de la mayoría de los comercios durante el estado de alarma ha convertido al comercio electrónico en el único canal para adquirir bienes no esenciales. Según un estudio elaborado por Guillem Sanz, experto en negocios digitales, entre el 21 de marzo y el 7 de abril el volumen de ventas del e-commerce creció un 24%. Pero comprar por Internet también tiene sus riesgos. Recientemente, la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) advertía que a raíz de la crisis provocada por la covid-19 se habían identificado un gran número de comercios online fraudulentos «que intentan engañar a los usuarios con la venta principalmente de mascarillas» y de otros productos sanitarios. Para protegernos contra las webs fraudulentas y evitar perder dinero o que nos roben los datos de nuestra tarjeta, no debemos cometer estos nueve errores al comprar online.

1- Comprar en webs que no empiecen por https

A menos que nos guste el riesgo y las emociones fuertes, debemos evitar los comercios electrónicos cuya URL no comience por https. Estas siglas, que encontraremos en la barra de direcciones de nuestro navegador, nos garantizarán que nuestros datos personales, entre ellos la numeración de nuestra tarjeta de crédito, viajarán cifrados y que no podrán ser interpretados por un tercero. Podemos confirmar que el comercio utiliza un protocolo de transferencia de datos seguro comprobando que antes de la URL aparece también un pequeño candado (de color gris en Google Chrome, blanco en Microsoft Edge y verde en Firefox) y verificando que el certificado digital del e-commerce no esté caducado.

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2- Confiar en los megadescuentos

Si un comercio online vende todos sus productos al mismo precio, ofrece descuentos imposibles y comercializa sus productos por un precio muy inferior al de la competencia, mala señal. Los comercios fraudulentos suelen utilizar los descuentos para atraer a sus víctimas, pero no olvidemos que nadie da duros a cuatro pesetas. Si acabamos comprando en este tipo de webs, lo más probable es que perdamos el dinero y nunca recibamos el producto o bien que nos llegue uno distinto al anunciado o de peor calidad, como una falsificación o un producto reacondicionado. Además, también podrían robarnos los datos de nuestra tarjeta, con el peligro que eso conlleva.

7- Pasar por alto los medios de pago admitidos

La mayoría de los comercios online aceptan el pago con tarjeta y, como seguramente dispongamos de una, es probable que nos dé igual si la web no admite otros medios de pago. Lo cierto es que el hecho de que un comercio electrónico admita únicamente el pago con tarjeta no implica que sea un fraude, pero es más probable que nos encontremos ante un comercio legítimo si permite usar otros sistemas alternativos como el pago a través de PayPal (la plataforma ofrece un sistema de protección del comprador en caso no recepción o no conformidad), de wallets como Apple Pay o Google Pay (estas plataformas no comparten los datos de nuestra tarjeta con el vendedor) o contrarrembolso (se abona el importe del pedido al transportista en el momento de recibirlo). En cualquier caso, si queremos pagar con tarjeta, las prepago nos ofrecerán un plus de seguridad, ya que no están conectadas con nuestra cuenta corriente ni con una línea de crédito.

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4- No comprobar las opiniones de otros clientes

Antes de comprar en un comercio electrónico que no conocemos, sería prudente revisar las opiniones de otros internautas. Si la mayoría son negativas, mala señal, pero si no hay ni rastro en Internet del comercio (no se hace referencia a él en ningún foro, blog, páginas de opiniones, etc.), también deberíamos sospechar.

3- Ignorar los textos legales

Los comercios electrónicos tienen que publicar un aviso legal. Si además recogen datos de los usuarios, tendrán que hacer una mención a la política de privacidad. Estos textos legales que solemos pasar por alto suelen ser accesibles desde la parte inferior de las webs e incluyen información tan relevante como la razón social del titular de la web, su CIF o NIF, el domicilio y los datos de contacto. Si la web carece de esta información, deberían saltar todas las alarmas. Tampoco deberíamos confiar en aquellos comercios que no ofrezcan un canal de atención al cliente (con alguien tendremos que contactar si algo sale mal) o que usen direcciones de correo electrónico gratuitas como las que proporciona Hotmail o Gmail. La mayoría de los comercios electrónicos suelen usar el dominio corporativo en sus e-mails.

5- Perdonar un mal diseño

Una imagen vale más que mil palabras, por eso los comercios electrónicos suelen cuidar el diseño de sus páginas webs. Al fin y al cabo, son su mejor escaparate. La OSI avisa que «una web mal construida y poco atractiva puede ser debido a que se ha hecho con prisas o tratando de copiar el estilo de una tienda oficial». Si encontramos enlaces que no funcionan, textos mal redactados que parecen haber sido traducidos por una máquina o secciones vacías, deberíamos desconfiar.

6- No consultar la política de devoluciones

La diferencia entre comprar por Internet o en un comercio a pie de calle es que no podemos ver el producto en directo antes de pagar, por ello es imprescindible que consultemos la política de devoluciones de la web. Lo agradeceremos si finalmente nos hemos equivocado de talla, el color no nos convence o, simplemente, no es lo que esperábamos. Generalmente, esta información suele aparecer en la parte inferior de la web o en la sección de preguntas y respuestas. Es importante fijarse en los plazos de devolución, en el proceso y en los gastos que pueda acarrear.

8- Olvidarte de los seguros de tu tarjeta

Si hemos hecho una compra online y nos han dado gato por liebre, podemos comprobar si nuestra tarjeta dispone de un seguro de protección de compras. Si lo tiene y la hemos usado para pagar la compra, podremos reclamar al seguro. Este tipo de pólizas, más habituales en las tarjetas de crédito que en las de débito o en las prepago, nos protegen en el caso de que compremos un producto online y no nos llegue o de que recibamos uno con el que no estamos conformes por ser distinto al anunciado. Antes de reclamar al seguro, es importante leer el contrato (si no lo tenemos, podemos pedirle al emisor de la tarjeta que nos envíe una copia) para comprobar qué situaciones cubre, verificar si hay alguna franquicia o exclusión, etc.

9- Dejar encendida tu tarjeta

La mayoría de los bancos españoles nos permiten apagar temporalmente nuestras tarjetas desde su app. Si creemos que hemos sido víctimas de una estafa, sospechamos de un comercio online con el que hemos compartido nuestros datos o, simplemente, queremos ganar seguridad, podemos apagar nuestras tarjetas. Así, en caso de que alguien haya robado nuestros datos, no podrá usarlos hasta que volvamos a encenderla. Eso sí, debemos tener en cuenta que si apagamos temporalmente una tarjeta, nosotros tampoco podremos usarla ni para abonar compras ni para sacar dinero a menos que la volvamos a activar. Otra opción, si queremos evitar riesgos, es configurar los límites de nuestra tarjeta: algunos bancos nos permiten limitar el importe diario o semanal gastado en compras, bloquear los pagos en el extranjero o configurar el plástico para que no pueda usarse para comprar por Internet. Los límites se pueden modificar, generalmente, desde la app o la web del banco y los cambios se pueden deshacer cuando lo necesitemos.

 

 


Autor: Javier Mezcua


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