Una de las formas más habituales de financiar nuestras compras es a través de las tarjetas revolving. Estas permiten pagar poco a poco los gastos que cargamos en ella. Sin embargo, en esa misma ventaja reside también su principal peligro, ya que si nos despistamos, podemos crear una deuda muy elevada. Eso puede ocurrir por dos motivos: el primero, por el sistema de reembolso. El segundo, por los intereses que se generan. ¿Cómo podemos evitar que eso ocurra? Lo veremos a continuación.

Así funcionan las tarjetas revolving

Se trata de un producto bancario cuyo funcionamiento es muy similar a las tarjetas de crédito habituales. Sin embargo, tienen una diferencia importante: mientras que las tarjetas de crédito permiten pagar a final de mes sin intereses todo lo gastado con la tarjeta, las revolving solo permiten fraccionar el pago en varias cuotas. Y lo hacen de dos formas:

  • Pago fijo. Con esta vía fijamos una cantidad concreta que será la que reembolsemos cada mes. Habrá un máximo y un mínimo a elegir. La podremos cambiar cuando lo deseemos dentro de ese margen disponible.
  • Pago porcentual. De este modo, en lugar de una cantidad de dinero, se elige un porcentaje de la deuda, por lo que el importe a pagar cada mes variará en función de la deuda contraída. Al igual que en el caso anterior, se puede cambiar dentro de los límites permitidos.

El problema de este tipo de tarjetas es que vienen con un pago porcentual predeterminado muy bajo, el mínimo. Eso supone que las cuotas son muy reducidas, no se amortiza capital y los intereses (en este tipo de tarjetas superan el 20%) se acumulan sin que la deuda retroceda haciendo que su devolución se eternice.

Cómo evitar sus peligros

Si queremos evitar que eso nos ocurra, y por obvio que parezca, leer las condiciones de la tarjeta revolving en el contrato nos ahorrará ciertos problemas futuros. Ahí debe venir especificado cuál es el pago mínimo predeterminado y nos daremos cuenta de que, de esa forma, se crearán muchos intereses.

Para evitarlo, debemos cambiar el método de pago y poner la cuota más alta que podamos permitirnos (y que permita la entidad propietaria de la tarjeta). Al mismo tiempo, solo utilizaremos ese método de pago cuando sea estrictamente necesario. Si podemos pagar con una tarjeta que no exija el pago de intereses, lo haremos. O incluso podemos optar por otra vía de financiación más barata como son algunos préstamos preconcedidos a los anticipos de nómina.

¿Cuándo es una opción interesante?

Los peligros que puede conllevar este tipo de financiación no suponen que sea una alternativa de la que huir, de hecho, en ocasiones puede ser una opción interesante siempre y cuando entendamos cuál es su funcionamiento, sepamos qué intereses vamos a terminar pagando y que la utilicemos de forma puntual y responsable.


Autor: Adrián Pérez


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