tarjetas revolving

A la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea sobre el IRPH, que ha abierto la posibilidad de que los jueces declaren abusiva la implantación del índice en las hipotecas españolas, se suma un nuevo frente: el Tribunal Supremo está deliberando si las tarjetas revolving deberían ser consideradas usura. La realidad es que su tipo de interés casi triplica el de los préstamos al consumo, pero su verdadero peligro radica en su sistema de amortización, que puede provocar que una deuda aparentemente asequible acabe sumiendo al titular en una espiral de deudas difícil de abandonar. Pero ¿qué son exactamente estas tarjetas y cómo saber si llevamos una en la cartera?

Las tarjetas ‘revolving’, ¿son un peligro?

Las tarjetas revolving permiten fraccionar el pago de las compras y devolver el dinero en cuotas mensuales con un interés que se sitúa, de media, en el 19%. El sistema de amortización del saldo dispuesto permite abonar en cada mensualidad una cuota fija o un porcentaje de la deuda y a medida que se va reembolsando el dinero, se reestablece el capital disponible, por lo que el titular puede seguir endeudándose sin necesidad de haber devuelto todo el dinero que debe. El problema, señala Laurent Amar, CEO del comparador HelpMyCash, en una entrevista en el programa radiofónico Duros a quatre pessetes de la cadena COPE, es que si el cliente decide pagar una cuota muy reducida cada mes, el plazo de reembolso se alarga mucho y la financiación se encarece considerablemente.

Esta es una de las principales advertencias que hizo el CEO del comparador en su intervención el pasado 1 de marzo en el programa de economía de la COPE, presentado por Quim Esteban. Puedes escuchar la entrevista completa aquí:

El ‘marketing’ de la banca para atraer a los clientes

La mayoría de los bancos comercializa tarjetas revolving. De hecho, al cierre del tercer trimestre del pasado año en nuestro país había 36,78 millones tarjetas de crédito en circulación, según el Banco de España, es decir, tarjetas que permiten devolver el saldo dispuesto de las líneas de crédito asociadas en cómodas cuotas. Precisamente, este es uno de los principales ganchos que usa la banca para comercializarlas, la posibilidad de reembolsar el dinero en cuotas reducidas, adaptadas a las necesidades de cada cliente. Es uno de los puntos que las hace tan atractivas, pero también uno de sus principales peligros.

La realidad es que si la deuda es pequeña y se devuelve rápidamente, por muy elevado que sea el interés, el coste será asequible. Por ejemplo, si financiamos una compra de 250 euros con nuestra tarjeta que, supongamos, tiene un interés del 19% y devolvemos el dinero en tres meses, los intereses finales ascenderán a 7,29 euros. Sin embargo, el problema llega cuando el saldo dispuesto es elevado y la cuota mensual es demasiado baja; en esos casos, el plazo se alarga excesivamente y los intereses se disparan. Por ejemplo, si financiásemos una compra de 1.500 euros hoy al 19% y decidiésemos devolver el dinero en cuotas mensuales de tan solo 30 euros, tardaríamos más de ocho años en reembolsar la deuda y el coste final sería de 1.496 euros (los intereses superarían el principal).

«Si en lugar de pagar regularmente un importe alto para deshacerme de la deuda, pago el mínimo», advierte Amar en la COPE, nos encontraremos con que el capital se amortizará muy lentamente y se generarán muchos intereses.

Un sistema difícil de entender

El sistema de amortización porcentual también dificulta que el cliente pueda comprender realmente cuánto le va a costar el uso de la tarjeta y pueda prever cuánto va a pagar cada mes y en cuánto tiempo devolverá el dinero. Por el contrario, establecer una cuota fija resulta mucho más esclarecedor.

El CEO de HelpMyCash aconseja limitar los pagos con tarjeta de crédito «porque son una deuda cara» y «devolver el dinero a corto plazo», para que los intereses no se disparen. En caso de necesitar liquidez y no poder amortizar la deuda en poco tiempo, Amar recuerda que se puede recurrir a los préstamos personales, que tienen un tipo de interés muy inferior. Además, el préstamo personal es mucho más sencillo de controlar, ya que desde el primer momento el contrato nos impone un plan de pagos, mientras que con la tarjeta el sistema de amortización es más complicado de comprender. Como se puede cambiar y, además, la deuda aumenta cada vez que el cliente usa su tarjeta, es difícil controlar los gastos y el coste total de la financiación.

 

 


Autor: Javier Mezcua


Sobre HelpMyCash:

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