Las vacaciones no deberían convertirse en una deuda a la vuelta. Parece obvio, pero cada verano muchas familias cometen el mismo error: reservan el viaje mirando solo el precio del hotel y del transporte y, cuando regresan, además de los recuerdos, traen la tarjeta cargada con gastos que no habían presupuestado. En otras palabras, unos días de descanso pueden convertirse en una deuda que acompañe a la familia durante meses, incluso años.

“Las vacaciones deben pagarse antes de irse, no después”, recuerdan desde el comparador financiero HelpMyCash. “Si para poder viajar hay que aplazar los pagos, tirar de tarjeta de crédito o confiar en que el gasto se compensará en septiembre, el viaje no está dentro del presupuesto. No se trata de renunciar a descansar, sino de dejar de confundir vacaciones con improvisación financiera”, añaden.

El problema no suele estar en el viaje en sí, sino en cómo se calcula el gasto. “Muchas personas creen que el presupuesto de vacaciones es la suma de transporte y alojamiento”, explican desde HelpMyCash. Pero ese número está incompleto. “El coste real incluye comidas, gasolina o transporte local, actividades, seguros, excursiones, aparcamiento, peajes y pequeños gastos imprevistos que siempre terminan apareciendo durante el viaje. Y ese número casi siempre es bastante más alto de lo que parecía al reservar”, advierten los expertos.

La buena noticia es que esto se puede evitar. Antes de contratar nada, conviene hacer una cuenta mucho más realista. “El presupuesto debería dividirse en cuatro bloques: transporte, alojamiento, manutención diaria multiplicada por el número de días e imprevistos”, señalan desde el comparador. ¿De cuánto estamos hablando? Una regla prudente es añadir un 10% extra al total previsto. Porque en vacaciones siempre aparece algún gasto inesperado: una comida más cara de lo previsto, un taxi, una maleta con sobrepeso o una actividad que surge sobre la marcha.

“Pongamos un ejemplo. En una familia de cuatro personas, con dos adultos y dos niños, unas vacaciones en destino nacional pueden suponer fácilmente entre 150 y 250 euros al día una vez allí, contando comidas, transporte, ocio y pequeños gastos. En diez días, eso significa entre 1.500 y 2.500 euros solo en destino, sin contar el desplazamiento principal ni el alojamiento”, insisten desde HelpMyCash. “Esta es la cifra que muchas familias no tienen en cuenta antes de reservar. Y es justo la que después acaba en la tarjeta”, señalan desde HelpMyCash.

La planificación financiera como base para unas vacaciones sin sustos

La pregunta importante no es “¿cuánto cuesta el hotel?”, sino “¿cuánto nos va a costar todo el viaje desde que salimos de casa hasta que volvemos?”. Si esa cifra no se ajusta al ahorro disponible, la única solución es ajustar. “Menos días, otro destino, un alojamiento más barato, fechas distintas o un plan más sencillo son algunas de las opciones para no poner en riesgo nuestro presupuesto”, aconsejan los expertos, que matizan que “lo irresponsable no es viajar más barato. Lo irresponsable es viajar por encima de las posibilidades y pagar intereses por ello”.

“La planificación marca la diferencia”, insisten desde HelpMyCash. Si una familia calcula que necesitará 1.200 euros para sus vacaciones y empieza seis meses antes, basta con apartar 200 euros al mes. Es una fórmula sencilla, pero eficaz. “El coste no desaparece, pero deja de concentrarse en un único golpe. Y, sobre todo, evita una de las peores decisiones financieras del verano que es la de financiar el descanso con deuda cara, como es tirar de una tarjeta de crédito”, añaden. Y es que el interés medio de la tarjeta de crédito se sitúa por encima del 18%. 

Una forma sencilla de hacerlo es abrir una cuenta separada solo para vacaciones y programar una transferencia automática mensual. De esta manera, el dinero que no se ve en la cuenta del día a día es más difícil de gastar. Y, otra cosa más, ese dinero no debe estar parado. “Ese dinero debe generar intereses y una cuenta remunerada es la mejor opción. Las mejores pagan hasta un 3,04% TAE sin comisiones ni condiciones”, aconsejan los expertos del comparador financiero. 

Revisar fechas y coste del alojamiento para ajustar el plan

Y cuando llegue el momento de reservar, la decisión será mucho más clara: si el dinero está, se viaja; si no está, se ajusta el plan. Esa simple barrera evita muchas compras impulsivas y muchas cuotas innecesarias. También conviene revisar el alojamiento con tranquilidad. En viajes familiares de más de cuatro noches, un apartamento puede salir mejor que un hotel, sobre todo si tiene cocina. “No significa cocinar todos los días, pero sí de tener margen para ahorrar en desayunos, cenas sencillas o comidas improvisadas. En una familia, reducir varias comidas fuera puede marcar una diferencia importante en el presupuesto final”, explican desde HelpMyCash.

Las fechas son otro punto clave. Volar un martes o un miércoles en lugar de un viernes o un domingo puede abaratar mucho el viaje. En algunos casos, la diferencia puede estar entre 100 y 300 euros por persona. Para una familia de cuatro, eso puede suponer varios cientos de euros de ahorro sin cambiar de destino, sin reducir días y sin renunciar al viaje. Solo por mover la fecha.

En vacaciones, ser flexible suele traducirse en ahorro. También vale reservar con tiempo, comparar alternativas y no dejarse arrastrar por la sensación de urgencia. Las frases de ‘últimas plazas’, ‘solo queda una habitación o precio disponible hoy’ funcionan porque presionan al consumidor. Pero una buena decisión financiera no debería tomarse con prisa ni con miedo a perder una oferta”, concluyen los expertos del comparador financiero HelpMyCash.