El 23 de julio todas las miradas volverán a dirigirse hacia el Banco Central Europeo (BCE). Después de que la institución elevara el mes pasado los tipos de interés hasta el 2,25%, tal y como anticipaban los mercados, la mayoría de los analistas espera que en esta ocasión opte por mantenerlos sin cambios. Sin embargo, el recrudecimiento de las tensiones en Oriente Próximo y el nuevo encarecimiento del petróleo han añadido incertidumbre a un escenario que podría condicionar las próximas decisiones de Fráncfort.

El consenso es que el BCE mantendrá el precio del dinero sin cambios en esta reunión. “Esta pausa no significa que el ciclo de endurecimiento monetario haya terminado. Más bien responde a la necesidad de ganar tiempo y comprobar si las últimas presiones sobre la energía acaban trasladándose a la inflación”, reflexiona Andrea Morales, experta del comparador financiero HelpMyCash.

Según explica Morales, la institución se encuentra en una posición de cautela. Tras el movimiento realizado en la reunión anterior, el BCE dispone ahora de margen para observar cómo evolucionan tanto la inflación como el crecimiento antes de volver a actuar. “El mensaje de fondo sigue siendo el mismo: las próximas decisiones dependerán de los datos económicos”, puntualiza.

La guerra vuelve a poner el foco sobre la inflación

El principal factor que ha alterado el escenario es el aumento del precio del petróleo. La escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán y las dudas sobre la seguridad de las rutas marítimas en el Golfo han impulsado al alza la cotización del Brent, que acumula una subida cercana al 16% desde que el conflicto volvió a intensificarse.

Este encarecimiento de la energía preocupa al BCE porque podría trasladarse progresivamente al resto de la economía. Si el combustible cuesta más, aumentan los costes de transporte y producción, lo que termina repercutiendo sobre los precios que pagan consumidores y empresas”, describe la analista de HelpMyCash.

Pese a ello, los últimos datos continúan ofreciendo cierto alivio. La inflación de la eurozona se situó en el 2,8% en junio, mientras que la inflación subyacente descendió hasta el 2,4%, una señal de que las presiones internas siguen moderándose, aunque todavía permanecen por encima del objetivo del 2% fijado por el banco central.

Septiembre aparece como la fecha clave

La mayoría de los inversores espera que el BCE mantenga los tipos sin cambios el 23 de julio. Si vuelve a subirlos, el mercado cree que ese movimiento llegaría más adelante, probablemente en septiembre. En ese momento, el Consejo de Gobierno contará con nuevas previsiones macroeconómicas y con dos meses adicionales de datos de inflación, elementos que permitirán evaluar si el repunte energético es temporal o si amenaza con consolidarse.

La posibilidad de una nueva subida de 0,25 puntos porcentuales después del verano sigue siendo el escenario más probable para buena parte del mercado, aunque nadie espera un ciclo de incrementos tan agresivo como el vivido tras el estallido de la guerra en Ucrania”, añade Morales.

Un escenario favorable para quienes buscan rentabilidad sin asumir grandes riesgos

Este contexto también sigue siendo una buena noticia para quienes buscan rentabilizar sus ahorros sin asumir riesgos. Mientras los tipos de interés permanezcan en niveles elevados, los bancos continuarán compitiendo por captar liquidez con depósitos y cuentas remuneradas que ofrecen rentabilidades muy superiores a las de hace apenas unos años. Según el comparador HelpMyCash, entre las mejores opciones de depósitos en España destacan el Miraltabank ofrece un depósito a 12 meses al 2,75% y Banca March otro al 2,50% TAE, mientras que Deutsche Bank tiene un depósito al 2,25% TAE que puede alcanzar el 3,25% TAE si se cumplen determinadas condiciones. WiZink paga un 2,85% TAE a 18 meses y un 2,60% TAE a 36 meses.

Quienes prefieran mantener su dinero siempre disponible también encuentran alternativas interesantes. Entre las cuentas remuneradas más competitivas figuran la de Trade Republic, que ofrece un 3,04% TAE para nuevos clientes sobre los primeros 50.000 euros y sin comisiones, Revolut, que está de campaña y ofrece un 3,51%TAE hasta octubre, la Cuenta Remunerada de Openbank, que paga un 2,50% TAE durante doce meses al traer Bizum y permite disponer del dinero en cualquier momento; y la Cuenta Digital Remunerada de Bankinter, que remunera al 2,50% TAE hasta 100.000 euros para nuevos clientes.

Remunerar el ahorro debe ser obligatorio. El dinero en cuentas que no rinden nada solo pierde valor. Ya sea mediante un depósito o una cuenta remunerada, hay que aprovechar y poner a trabajar el dinero; y mejor si ofrecen más que los tipos de interés para, al menos, ganar un poquito», puntualiza Morales

La decisión del BCE en septiembre tiene varias lecturas

Aunque la reunión de mañana se salde sin cambios en los tipos de interés, el mensaje que lance Christine Lagarde será casi tan importante como la propia decisión.
Si confirma que podría existir un nuevo aumento del precio del dinero, las lecturas serían varias: para los ahorradores puede traducirse en mejores oportunidades para obtener rentabilidad sin asumir grandes riesgos.

Pero, para quienes necesitan financiación, en cambio, supone préstamos más caros. Las nuevas hipotecas tenderían a encarecerse y los hogares que ya tienen una hipoteca variable podrían pagar cuotas más altas cuando llegue su revisión.

También existe una consecuencia menos visible, pero igual de importante. Cuando endeudarse resulta más caro, las familias aplazan compras, las empresas revisan sus inversiones y la actividad económica pierde impulso. Ese riesgo adquiere especial relevancia en un momento en el que la economía europea ya avanza con dificultad. El BCE prevé que la zona euro crezca apenas un 0,8% en 2026, mientras que la Comisión Europea ha rebajado las suyas hasta el 0,9%, ante el impacto de la energía y la incertidumbre internacional.

El propio BCE admite que el conflicto en Oriente Próximo plantea un escenario especialmente incómodo: puede elevar la inflación a través de la energía y, al mismo tiempo, debilitar el crecimiento. Es decir, obliga a Fráncfort a elegir entre contener los precios o evitar que el encarecimiento del crédito enfríe todavía más la economía.

Por eso, una nueva subida de tipos no sería una victoria sin matices. Podría mejorar la remuneración de los depósitos, pero también encarecer las deudas, reducir el consumo y debilitar una economía europea ya expuesta a las tensiones comerciales, geopolíticas y energéticas. La clave estará en saber cuánto tiempo considera el BCE que puede mantener esta presión sin causar más daño del necesario.