Cuentas compartidas para parejas

Cuentas compartidas para parejas

Una pareja tumbada en el suelo, frente a frente y hablando en un acogedor y moderno salón-cocina.

Compartir vida es mucho más que compartir piso. También es compartir números. Y cuando eso se hace “sobre la marcha”, cada recibo se convierte en una mini negociación y cada Bizum en un ajuste de cuentas silencioso.

Ese “ya lo vamos viendo” con el dinero en pareja sale caro: discusiones, sensación de injusticia...

Una cuenta conjunta no arregla una relación, pero sí puede transformar el caos financiero en un sistema claro, sencillo y percibido como justo.  La base es simple: reglas claras y una cuenta que encaje con vuestra forma de gastar, para que el banco pase a jugar a favor.

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Este número es indicativo del riesgo del producto, siendo 1/6 indicativo del menor riesgo y 6/6 del mayor riesgo.
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Cuentas compartidas para parejas

Las cuentas que te mostramos a continuación están pensadas para gestionar el dinero en pareja: permiten tener más de un titular, no aplican comisiones y, además, ofrecen la opción de domiciliar tanto la nómina como los recibos. 

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Este número es indicativo del riesgo del producto, siendo 1/6 indicativo del menor riesgo y 6/6 del mayor riesgo.
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Entidad adherida al Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito de Lituania. Importe máximo garantizado de 100.000€ por depositante.
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Entidad adherida al Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito de Países Bajos. Importe máximo garantizado de 100.000€ por depositante.

Qué debe pagarse desde la cuenta común (y qué no)

La regla que mejor funciona es esta: la cuenta compartida es para gastos comunes, es decir, lo que os beneficia a los dos (o a la familia).

Eso reduce al mínimo el “esta vez pago yo, la próxima tú” y evita llevar la cuenta mental de quién va ganando o perdiendo.

Lo más habitual es que desde la cuenta conjunta se paguen cosas como estas:

 Vivienda: alquiler o hipoteca, comunidad, seguros del hogar, impuestos de la casa…

 Suministros: luz, agua, gas, internet, teléfono fijo si lo hay…

 Comida y productos del hogar: compra del súper, limpieza, pequeños utensilios…

 Gastos de hijos o mascotas: cole, extraescolares, ropa, guardería, veterinario, comida…

 Ocio compartido: cenas juntos, escapadas, viajes, plataformas de series o música que usáis los dos…

 Ahorro en común e imprevistos: fondo de emergencia y metas conjuntas (vacaciones, coche, reforma, etc.).

Una forma muy práctica de gestionarlo es esta: pactáis cuánto pone cada uno al mes (a partes iguales o según ingresos), lo ingresáis en la cuenta común y desde ahí se domicilia todo: alquiler, luz, internet, etc. Si sobra dinero a final de mes, podéis pasarlo a una cuenta de ahorro conjunta que remunere para objetivos a medio o largo plazo.

Con esto conseguís tres cosas muy potentes:

 Todo lo común está concentrado y se ve de un vistazo.

 Sabéis cuánto cuesta realmente vivir juntos.

 Se reduce muchísimo la discusión de “yo he pagado más que tú”.

Ahora bien, no metáis absolutamente todo en la cuenta común.

Es sano que sigáis teniendo vuestras cuentas personales para:

  • Ropa.
  • Hobbies.
  • Caprichos.
  • Regalos (incluidos los de pareja).
  • Gastos personales que el otro no tiene por qué compartir.

Si todo pasa por la cuenta conjunta, es fácil que aparezcan problemas: sensación de control mutuo, comentarios tipo “¿de verdad te hacía falta eso?” o la impresión de que no hay espacio para decisiones individuales.

Por eso, además de decidir qué entra en la cuenta conjunta, dejad claro qué se seguirá pagando desde las cuentas personales.

Los errores típicos al empezar con una cuenta compartida

Los fallos que más se ven en parejas que dan este paso son:

 No acordar con claridad qué gastos van a la cuenta común.

 No hablar de cuánto aporta cada uno ni actualizarlo cuando cambian los ingresos.

 Usar la cuenta conjunta para gastos claramente personales.

 No revisar juntos los movimientos de vez en cuando.

Solución práctica:

Reservad 30 minutos al mes para mirar la cuenta conjunta los dos. No es una auditoría, es una reunión de equipo: ver qué tal va, si hay que ajustar algo y si la cantidad que ponéis sigue teniendo sentido. 

Cuanto más claro esté para qué sirve esa cuenta compartida, menos espacio habrá para malentendidos.

Cómo repartir los gastos: ¿50/50 o proporcionalmente?

Abrir la cuenta es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es decidir cómo se reparten los gastos.

No hay una única fórmula “correcta”. Lo importante es que, para los dos, el sistema sea:

 Sostenible (no ahogue a nadie).

 Y percibido como justo.

Vamos a ver las opciones típicas, con ejemplos sencillos.

Repartir al 50%: fácil, pero cuidado con las diferencias de sueldo

En este modelo, cada miembro de la pareja aporta lo mismo.

Ejemplo:

  • Los gastos comunes suman 1.000€ al mes.
  • Cada uno pone 500€ en la cuenta conjunta.

Ventaja: es muy fácil de entender y gestionar. Refuerza la idea de “todo a medias”.

Problema: si los sueldos son muy distintos, la “mitad” pesa diferente.

 Imagina:

  • Persona A cobra 2.000 €.
  • Persona B cobra 1.000 €.

Ambos ponen 500 €.

  • Para A es el 25% de su sueldo.
  • Para B es el 50%.

Aunque sobre el papel sea “justo”, en la práctica B puede quedarse casi sin margen para ahorrar o para sus cosas. A la larga, eso suele generar tensión.

Este sistema funciona mejor cuando:

 Los salarios son parecidos.
 Y la capacidad de ahorro de cada uno es similar.

Repartir según ingresos: más justo cuando hay diferencias

Aquí cada uno aporta en función de lo que gana.

Mismo ejemplo de antes: gastos comunes 1.000€, ingresos de 2.000€ y 1.000€.

Podéis decidir que:

  • Quien gana 2.000€ aporte dos tercios: 667€.
  • Quien gana 1.000€ aporte un tercio: 333€.

Resultado:

El esfuerzo relativo se parece más. Los dos mantienen margen para su vida individual.

Ventajas:

 Encaja mejor cuando hay diferencias de sueldo.
 Reduce la sensación de “yo sostengo más que tú” o “no llego a fin de mes”.

Puntos a tener en cuenta:

 Requiere transparencia sobre ingresos.
 Hay que revisarlo cuando cambia algo: paro, subida, reducción de jornada, etc.

A veces, quien más gana puede sentir que “pone más”, aunque porcentualmente sea lógico.

Fórmulas mixtas

Muchas parejas terminan con un sistema híbrido.

Por ejemplo:

  • Los gastos fijos (vivienda, suministros) se reparten según ingresos.
  • Los gastos variables (ocio, viajes) se pagan al 50%.

O:

  • Aportación proporcional para la cuenta común.
  • Y luego, ciertos caprichos o planes especiales, a medias.

La idea es combinar:

 Justicia económica.
 Con una operativa sencilla.

Cuenta indistinta o mancomunada: cómo queréis mover el dinero

En España, la mayoría de cuentas conjuntas pueden ser:

  • Indistintas.
  • Mancomunadas.

El nombre suena técnico, pero la diferencia es muy práctica: quién puede tocar el dinero y en qué condiciones.

Cuenta indistinta: máxima comodidad, más riesgo

En una cuenta indistinta, cualquiera de los titulares puede operar solo:

 Hacer transferencias.

 Pagar recibos.

 Sacar dinero.

 No hace falta permiso del otro.

Por eso es la opción más habitual: para el día a día es muy cómoda. Si llega el recibo de la luz o hay que pagar la compra, uno de los dos lo hace y punto.

¿Qué hay que tener en mente?

  • Uno podría vaciar la cuenta sin el consentimiento del otro.
  • El banco, en principio, no entra a juzgar si un pago es “justo” entre vosotros: los dos sois titulares del saldo.
  • En caso de fallecimiento de uno, el otro suele poder seguir usando la cuenta, aunque después el dinero se reparte entre herederos por la vía legal.
  • En una ruptura, mientras los dos sigáis siendo titulares, el banco tampoco puede impedir que uno retire fondos. Eso sí, todo queda registrado.

Funciona bien cuando:

 Hay plena confianza.

 Y la cuenta se usa para el día a día y gastos comunes.

Pero conviene ser muy consciente del riesgo si:

 La relación se deteriora.

 O alguno tiene problemas de deudas o embargos.

Cuenta mancomunada: más control, menos agilidad

En una cuenta mancomunada, se aplica justo lo contrario: para mover el dinero hace falta la autorización de todos los titulares.
Cualquier operación importante (transferencia, pago relevante, retirada) requiere el “sí” de ambos.

 Ventajas:

  • Nadie puede actuar a espaldas del otro.
  • Aporta más control y seguridad.

 Inconvenientes:

  • Puede ser poco práctica en el día a día.
  • Si uno no está disponible o no quiere autorizar, la cuenta queda bloqueada para esa operación.
  • En caso de fallecimiento, el banco suele exigir documentación de los herederos antes de permitir nuevos movimientos.
  • En una ruptura con mal ambiente, acceder al dinero puede complicarse mucho.

Este tipo de cuenta tiene sentido cuando queréis evitar expresamente que una sola persona pueda mover fondos sin consentimiento del otro, o cuando se gestionan cantidades elevadas que requieren más control.

Qué tipo de cuenta encaja mejor con vosotros

Pensad en tres palabras: confianza, comodidad, seguridad.

 Si lo que buscáis es agilidad para pagar el día a día y os lleváis bien, la cuenta indistinta suele ser lo más práctico.

 Si preferís priorizar el control conjunto y evitar decisiones unilaterales, la mancomunada os da una capa extra de protección (a cambio de más trámites para cada movimiento).

 Si uno arrastra deudas o posibles embargos, antes de abrir una cuenta conjunta, parad y consultad bien qué podría pasar con el saldo.

Consejo práctico: acordad por adelantado algunas “normas de uso” de la cuenta, aunque sean informales. Por ejemplo: “Ninguno hace transferencias de más de X € sin avisar al otro.” “Si uno quiere dejar de ser titular, lo hablamos y, si hace falta, cerramos y abrimos una nueva solo a nombre del otro.” Que no os pille nada de esto por sorpresa.

Cómo elegir la cuenta conjunta: qué detalles mirar

Una vez decidido cómo vais a repartir los gastos y qué tipo de titularidad os encaja, toca una parte clave: elegir la cuenta conjunta.

Más allá del nombre comercial, lo importante es que lo que ofrece encaje con vuestro día a día.

Si la cuenta es para pagar casa y gastos del mes

Si la queréis principalmente para gestionar:

  • Alquiler o hipoteca.
  • Suministros (luz, agua, gas, internet).
  • Compra del súper.
  • Domiciliar recibos sin coste añadido.
  • Tener dos tarjetas, una a nombre de cada titular, para poder pagar compras y pequeños 

Si queréis ahorrar juntos: colchón y proyectos

Si además de pagar el día a día queréis:

  • Crear un colchón de seguridad común.
  • Ahorrar para unas vacaciones, un coche, una boda, una reforma…

Os conviene que la cuenta (o el banco) permita:

 Crear subcuentas internas remuneradas o “huchas” para separar el dinero del día a día del destinado al ahorro.

 Asociar una cuenta de ahorro conjunta donde podáis ir guardando lo que no se va en gastos mensuales.

Ejemplo de sistema sencillo:

Cada mes ingresáis vuestra parte en la cuenta conjunta.

Pagáis todos los gastos.

El día 25, lo que quede por encima de, por ejemplo, 100€, se pasa automáticamente a una “hucha vacaciones” o “fondo de emergencia”. 

Ponerle nombre a las huchas funciona muy bien a nivel psicológico: motiva más ahorrar para “Viaje Japón 2026” que para “Cuenta ahorro 1”.

Si viajáis al extranjero con frecuencia

Si sois de hacer escapadas o viajes al extranjero, fijaos también en:

 Las comisiones por pagar en otra divisa.

 Los costes por sacar efectivo en cajeros fuera de España.

Una cuenta con comisiones altas puede encarecer bastante los viajes sin que os deis cuenta hasta que veáis el extracto.

La recomendación aquí es muy simple: si viajáis mínimo una vez al año fuera de la zona euro, mirad este punto con lupa al comparar opciones.

Acceso digital y transparencia para los dos

La cuenta es de los dos, así que los dos debéis poder ver y gestionar lo mismo desde la app o la web:

  • Ver todos los movimientos.
  • Descargar extractos.
  • Configurar alertas.
  • Consultar límites y tarjetas.

Es útil que el banco permita:

 Notificaciones en tiempo real para ambos titulares (por ejemplo, cada vez que se carga un recibo importante).

 Procesos razonables para añadir o eliminar titulares cuando haga falta.

 Sacar efectivo sin coste en una red amplia de cajeros.