Martins Sulte (Letonia, 1985) pasó seis años viendo cómo se mueve el dinero desde uno de los mejores lugares para observarlo: la banca de inversión. Trabajó en SEB, asesorando algunas de las mayores operaciones de fusiones y adquisiciones del norte de Europa, antes de hacer un MBA en el Instituto Europeo de Administración de Negocios (INSEAD) y fundar Mintos (2014), una plataforma de inversión dirigida a particulares. El salto de un mundo al otro —de las grandes operaciones financieras al pequeño inversor— nació, en buena medida, de una pregunta que todavía le interesa: ¿por qué en Europa invertimos tan poco?

Sulte suele explicarlo con dos cifras. Según los datos que maneja, solo entre el 10% y el 20% de los europeos invierte en bolsa, frente al 60%-70% de los estadounidenses. Una distancia enorme entre dos sociedades que ahorran, pero que no se relacionan de la misma manera con su dinero.

Para entender por qué aquello le llevó a crear Mintos hay que volver a sus años en banca de inversión. Allí había visto las posibilidades que tenían los grandes inversores: podían repartir su dinero entre decenas de instrumentos y mercados y disponían de información sobre precios y riesgos. Al otro lado estaba el ahorrador corriente, al que, según Sulte, le quedaba “básicamente una cuenta de ahorro o un conjunto reducido de productos caros y poco transparentes”.

Lo interesante es que él no interpretó aquella diferencia como un problema de conocimientos. No pensó que invertir estuviera necesariamente reservado a quienes entendían de finanzas. Pensó que había, sobre todo, un problema de alcance. “Para mí, esa brecha se reduce al acceso”, lo resume en una entrevista exclusiva para HelpMyCash.

Después de seis años trabajando en fusiones y adquisiciones (más conocido como M&A), Sulte se marchó a INSEAD para hacer un MBA. Allí, cuenta, apareció “la chispa emprendedora”. Hasta entonces había dedicado su carrera a asesorar las operaciones de otros. Empezó a pensar en construir algo propio. “Quería tomar esa experiencia y construir algo propio, en lugar de seguir asesorando en operaciones de otros”.

La idea que acabaría convirtiéndose en Mintos partía precisamente de esa distancia que había observado: intentar acercar al particular algunas de las posibilidades que el dinero institucional llevaba tiempo teniendo a su alcance. “Dar a los inversores particulares el mismo tipo de diversificación y transparencia que antes estaba reservado al dinero institucional”, señala vía email.

Pero hay una pequeña ironía en la historia. Antes de crear una plataforma desde la que hoy defiende la diversificación y la inversión a largo plazo, Sulte también hizo lo que hacen muchos cuando empiezan: escoger acciones por su cuenta y confiar en haber elegido bien.

—¿Cuándo empezaste tú a invertir?
— «Bastante pronto, de forma bastante convencional. Algo de ahorro, algo de acciones».

Después llegó lo que él mismo llama “el error clásico de novato”. Algunas de aquellas acciones funcionaron bien; muchas rindieron peor de lo esperado. El resultado conjunto, admite, “no fue nada especial”.

Cuando Mintos ya estaba en marcha y construir la empresa absorbía prácticamente toda su energía, Sulte hizo justo lo contrario: dejó de intentar escoger ganadores y adoptó una estrategia mucho más pasiva. “Estaba dedicando toda mi energía a construir la empresa día a día, y no quería dedicar más tiempo a gestionar mi propia cartera”.

Aquello terminó haciéndole pensar seriamente en la diversificación, pero también en algo que muchas veces pasa inadvertido: el coste de no invertir. Y, sobre todo, en por qué algo que para alguien procedente de las finanzas podía resultar natural seguía siendo tan intimidante para buena parte de la gente que tenía alrededor.

De ahí salen tres ideas que Sulte repite cuando habla de dinero: empezar, diversificar y darle tiempo.

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El problema de esperar

Hay una frase que aparece una y otra vez cuando Sulte habla de quienes todavía no invierten: esperar.

Esperar a ganar más. Esperar a ahorrar más. Esperar a entender mejor los mercados. Esperar a que las bolsas dejen de caer. O a que dejen de subir. “El error más común es esperar al “momento adecuado” —a que los mercados se calmen, a tener algo más ahorrado, a saber más— y acabar por no empezar nunca”, señala a HelpMyCash.

El segundo, dice, es concentrarlo todo en un único activo o en “una sola idea de moda”. Él reconoce haber caído precisamente ahí. “Estuve demasiado concentrado al principio, manteniendo un número reducido de posiciones en las que confiaba mucho en lugar de repartir ese riesgo”.

Por eso, cuando se le plantea una situación mucho más cotidiana —alguien cobra su sueldo a final de mes y quiere empezar a poner una parte a trabajar—, su respuesta no incluye ninguna fórmula sofisticada: empezar poco. Empezar ahora. Y automatizar.

“El objetivo el primer año es crear el hábito de invertir con regularidad y acostumbrarse a ver cómo tu dinero trabaja a través de los altibajos normales”.

—¿Y qué le dices a quien responde que no tiene suficiente dinero para invertir?

— “Es una de las cosas más comunes que escucho, y se basa en un malentendido”.

Sulte pone como ejemplo su propia plataforma. En Mintos, señala, la inversión fraccionada permite empezar desde 1 euro para obtener exposición a un ETF, mientras que algunos bonos corporativos pueden adquirirse desde 50 euros.

Pero su argumento de fondo no depende tanto de la cifra inicial como del tiempo. “La cantidad con la que empiezas importa mucho menos que empezar el hábito pronto, porque el tiempo en el mercado hace la mayor parte del trabajo gracias al interés compuesto”, subraya.

El dinero quieto tampoco está quieto

Durante décadas, para millones de europeos ahorrar ha significado fundamentalmente una cosa: dejar dinero en el banco. Sulte cree que esa mentalidad está cambiando, aunque “de forma lenta y desigual según el país”. Sobre todo entre los jóvenes. La razón, sostiene, es que cada vez más personas entienden que evitar las oscilaciones de los mercados no significa necesariamente evitar cualquier riesgo. Si los precios aumentan mientras el dinero permanece inmóvil, ese dinero compra menos.

“Tener todo en una cuenta bancaria no es “seguro” en términos reales, ya que la inflación lo erosiona silenciosamente cada año”. Es una distinción importante porque cambia la pregunta. Ya no se trata únicamente de cuánto riesgo se está dispuesto a asumir invirtiendo, sino también de qué ocurre si uno decide no hacerlo.

“Dejar el dinero completamente en efectivo también es una decisión, y en un entorno inflacionario es una decisión de perder poder adquisitivo poco a poco”.

¿La alternativa? Sulte vuelve a la misma receta: una parte de los ahorros, aportaciones regulares, diversificación y tiempo.

“No hace falta que sea una cantidad grande ni un cambio de vida drástico: una aportación pequeña, constante y diversificada durante años consigue mucho más que intentar encontrar la inversión perfecta”.

“Quiero invertir en bolsa, pero no sé nada”

La frase probablemente resume una de las grandes barreras para la inversión minorista. El dinero puede estar disponible. También las ganas. Lo que falta es saber qué comprar.

Mintos intenta resolver parte de ese problema mediante sus carteras Core de ETFs. Según explica Sulte, el inversor elige un nivel de riesgo, completa un test de idoneidad y la plataforma construye y rebalancea automáticamente una cartera diversificada con ETFs de renta variable y renta fija. “No necesitas saber elegir acciones o ETFs individuales”, sostiene.

Mintos asegura además que no cobra comisiones de gestión ni de custodia por estas carteras.

—¿Cómo es posible ofrecerlas sin cobrar por gestión ni custodia? ¿Dónde está el negocio?

Sulte lo atribuye a la infraestructura construida mediante la alianza con Upvest, una empresa alemana de tecnología financiera. Según explica, esta permite a Mintos ofrecer más de 1.000 ETFs conformes con UCITS y su cartera Core sin trasladar al inversor los costes de transacción o custodia.

La empresa obtiene ingresos, explica, de otras partes del negocio, entre ellas las comisiones vinculadas a inversiones en préstamos y bonos y los intereses obtenidos sobre el efectivo no invertido. Pero que sea sencillo acceder a una cartera no significa que el horizonte deba ser corto.

—¿Cuánto tiempo debería estar dispuesto a dejar ahí el dinero alguien que invierte en una cartera de ETFs?

— «Diría que al menos cinco años, e idealmente más».

Sulte recuerda que la renta variable puede subir y bajar en cualquier periodo de uno o dos años. Si el inversor sabe que necesitará ese dinero pronto, esas oscilaciones dejan de ser una abstracción y se convierten en un riesgo real.

Su planteamiento para este tipo de cartera vuelve a ser poco espectacular: tocar poco, dejar que se rebalancee y conceder tiempo al interés compuesto.

Un bono de 100.000 euros dividido en trozos

Hay otra parte de los mercados financieros donde la diferencia entre el gran inversor y el pequeño se entiende todavía mejor. Los bonos corporativos se han emitido tradicionalmente en denominaciones elevadas. Sulte habla de importes de 100.000 euros o más por unidad. Para un particular, sencillamente, la puerta estaba cerrada.

La fraccionalización ha permitido dividir esas posiciones en cantidades mucho menores. En Mintos, explica, algunos de esos bonos pueden adquirirse desde 50 euros.

Para un ahorrador español acostumbrado durante los últimos años a escuchar hablar de deuda pública, la diferencia es importante.

—¿En qué se diferencian estos bonos fraccionados de los bonos a los que está acostumbrado el inversor español?

Sulte señala que los bonos del Estado se compran normalmente en subasta y se mantienen hasta su vencimiento, asumiendo riesgo soberano. Los bonos fraccionados que ofrece Mintos, en cambio, son principalmente bonos corporativos: quien presta el dinero no se lo presta a un Estado, sino a una empresa y, por tanto, asume un riesgo diferente.

Mintos incorpora un indicador propio, el Mintos Risk Score, y un mercado secundario en el que el inversor puede intentar vender su posición antes del vencimiento.

¿Y dónde encaja un bono en una cartera que ya tiene productos monetarios y ETFs?

Sulte lo explica como si colocara tres objetos sobre una mesa. En un extremo estaría el efectivo invertido en productos monetarios como Smart Cash en Mintos, cuyo objetivo es la estabilidad del capital y la liquidez. En el otro, los ETFs, que buscan crecimiento pero implican mayores oscilaciones. Entre ambos, los bonos.

“Los bonos se sitúan en el medio: un instrumento de renta fija que puede ofrecer un rendimiento más predecible que el efectivo, sin los vaivenes diarios de la renta variable”. Ese, sostiene, es precisamente el papel que debería desempeñar la renta fija dentro de una cartera diversificada.

Por qué Europa ahorra y Estados Unidos invierte

La distancia entre Europa y Estados Unidos no se explica únicamente por las aplicaciones disponibles en el móvil. Sulte apunta a razones históricas.

Los europeos han contado tradicionalmente con sistemas públicos de pensiones y redes de protección social más fuertes, lo que, según él, redujo la necesidad percibida de invertir para el futuro de la misma manera que lo han hecho los estadounidenses.

A eso se suma el enorme peso cultural de la vivienda. Durante generaciones, para muchas familias europeas invertir ha significado, ante todo, comprar una casa. La propiedad, dice Sulte, se ha visto culturalmente como “LA” inversión en buena parte de Europa y ha absorbido una parte considerable del ahorro que podría haberse destinado a otros activos.

Y después está la propia estructura del continente: distintos idiomas, sistemas fiscales y divisas. Todo ello, sostiene, ha contribuido a que invertir pareciera más complicado que dejar el dinero en el banco.

La tecnología está reduciendo parte de esa distancia. Sulte calcula que en un plazo de entre cinco y diez años invertir podría convertirse, en buena parte de Europa, en algo tan cotidiano como abrir hoy una cuenta bancaria. «La fricción que solía separar “abrir una cuenta bancaria” de “invertir” ha desaparecido en gran medida en las plataformas digitales”.

También menciona el impulso regulatorio europeo y la Unión de Ahorro e Inversión de la UE, orientada a lograr una mayor participación de los inversores particulares en los mercados de capitales.

Lo que queda, a su juicio, es quizá lo más difícil de modificar: las costumbres. Aunque también eso cambia. Cada nueva generación, dice, crece más acostumbrada a tener una aplicación de inversión en el teléfono.

El consejo que cabe en una frase

Al final, después de hablar de ETFs, bonos, inflación, mercados, diversificación y décadas de ahorro, queda una pregunta mucho más sencilla.

Si pudieras darle un solo consejo financiero a alguien de 30 años que empieza desde cero, ¿cuál sería?

Sulte vuelve al principio. “Empezar”.

“Empezar ahora, con la cantidad que le resulte manejable, y automatizarlo para no depender de la fuerza de voluntad cada mes. Diversificar desde el primer día en lugar de intentar encontrar una única idea ganadora, y darle tiempo”.

A los 30 años es fácil pensar que el principal problema para invertir es no tener suficiente dinero. Sulte lo mira exactamente al revés. “La mayor ventaja que tiene alguien de 30 años no es mucho capital, sino probablemente décadas por delante para que ese capital use el interés compuesto y trabaje”.

Y después añade una última frase que, quizá, resume mejor que ninguna otra su manera de entender la inversión: “Todo lo demás es un detalle que se resuelve por el camino”.