El comienzo de un nuevo año siempre viene acompañado de propósitos que se plantean de manera más o menos realista: ir al gimnasio, dejar de fumar, beber menos alcohol, leer más… Y dada la actual situación del mercado inmobiliario, con unos precios al alza y unas hipotecas con intereses todavía competitivos, no pocas personas pretenderán cumplir el sueño de convertirse en dueñas de su propia vivienda.
Pero querer no es poder, y menos aún si se necesita ayuda bancaria. Los bancos únicamente aprueban la hipoteca para la compra si el solicitante cumple un requisito básico: ser solvente. Eso implica no solo tener un trabajo estable, sino también contar con ahorros y con las cuentas saneadas. Y para alcanzar ese equilibrio financiero, desde el comparador hipotecario HelpMyCash.com plantean tres propósitos de Año Nuevo que, en caso de cumplirse a rajatabla, facilitarán la adquisición de una futura vivienda.
1. Ordenar las cuentas
Los analistas de HelpMyCash explican que, de cara a conseguir una hipoteca, cobrar un salario estable (como una nómina) no es suficiente. El banco, además de ingresos, quiere ver unas finanzas ordenadas para asegurarse de que el solicitante podrá pagar las cuotas sin problemas y llegar a fin de mes. Y por eso suele exigir que se le entreguen extractos de las cuentas bancarias en los que aparezcan los movimientos de los últimos meses.
Por lo tanto, el primer propósito en el que hay que trabajar es el de poner las cuentas en orden. Desde el comparador recomiendan abrir una cuenta aparte para los ahorros (mejor si es remunerada), no dedicar más del 50% del sueldo a los gastos fijos (vivienda, suministros, alimentación, etc.) y reducir, en la medida de lo posible, gastos que sean prescindibles: suscripciones a plataformas audiovisuales, compras compulsivas, copas después del trabajo…
2. Ahorrar en serio
Los ahorros merecen un apartado propio. Según los expertos de HelpMyCash, lo más habitual es que la hipoteca cubra solo el 80% de la adquisición de una vivienda. El 20% restante, y un 10% adicional para pagar los gastos de formalización, lo debe aportar el comprador de su bolsillo. Por ejemplo, si a una persona le interesa un piso de 200.000 euros, necesitará tener ahorrados unos 60.000 euros para que se le apruebe la financiación.
En caso de no contar con esos fondos propios, el que se plantee comprar una vivienda próximamente debe empezar a ahorrar en serio. Desde el comparador consideran que la manera más sencilla de cumplir este propósito es practicar el preahorro: transferir, nada más cobrar, una porción del salario a una cuenta aparte; preferentemente remunerada para no perder poder adquisitivo por culpa de la inflación.
Lo ideal es que esa transferencia represente alrededor del 20% del sueldo. Ahora bien, tampoco pasa nada si el porcentaje es menor: lo importante es ir construyendo ese ahorro para tener dinero suficiente para la entrada de una vivienda o para otros proyectos. Asimismo, es aconsejable acumular un fondo equivalente a entre tres y seis meses de salario para posibles emergencias.
3. Mantener las deudas bajo control
La tercera pata del orden financiero tiene que ver con el endeudamiento. Lógicamente, cuanto menos dinero se deba, mejor. Pero si la idea es contratar una hipoteca, es imprescindible que su cuota más las mensualidades del resto de deudas que se tengan vigentes no representen más del 30% del sueldo cobrado cada mes.
Por ello, en caso de tener deudas contraídas (por un préstamo coche o una tarjeta de crédito, por ejemplo), desde HelpMyCash recomiendan valorar si podría pagarse, además, la cuota de una hipoteca sin superar ese límite máximo de endeudamiento. Si la respuesta es negativa, habrá que ir liquidando cada deuda, ya sea poco a poco o de golpe.
A eso hay que añadir que ningún banco aprobará la hipoteca si el solicitante aparece en ficheros de morosidad por el impago de cualquier tipo de deuda. En caso de tener incidencias de ese tipo, es imprescindible saldar esa deuda para limpiar el historial crediticio.
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