Cómo empezar a invertir: consejos clave para principiantes
Invertir no va de “adivinar el próximo pelotazo”. Va de poner tu dinero a trabajar con un plan: cuánto tiempo puedes mantenerlo invertido, qué nivel de riesgo toleras y qué objetivo quieres conseguir. La buena noticia es que hoy hay formas de empezar con poco, de manera diversificada y sin complicarte.
Esta guía está pensada para que tomes buenas decisiones desde el minuto uno: qué hacer antes de invertir, en qué productos fijarte y cómo elegir entre hacerlo por tu cuenta con un bróker o delegarlo en un gestor automatizado.
Si tienes dudas, consulta con los expertos de HelpMyCash.
Resumen rápido
- Si aún no tienes un colchón de 3 a 6 meses de gastos, lo más sensato es empezar por ahí antes de invertir.
- Si tienes deudas caras (por ejemplo, tarjetas o préstamos con intereses altos), normalmente compensa reducirlas antes que buscar rentabilidad.
- Si tu objetivo es a menos de 2 años, prioriza seguridad y liquidez; si es a 7 o más, la renta variable diversificada suele encajar mejor.
- Y elige el canal: bróker si quieres decidir tú o gestor automatizado si prefieres una cartera ya construida.
La información que encontrarás en esta página no constituye asesoramiento de inversión ni recomendación. Deberás tomar tus decisiones de manera independiente y teniendo en cuenta tus circunstancias personales. Ten presente, además, que invertir conlleva riesgos y no garantiza recuperar lo invertido.
Qué vas a aprender en esta guía
En esta guía vas a entender, sin tecnicismos, cómo dar tus primeros pasos para invertir con cabeza. Empezamos por sentar la base: qué debes tener ordenado antes de mover un euro y cómo evitar los errores típicos. Después verás dónde puedes invertir según tu objetivo y tu plazo, qué intermediario elegir (bróker si quieres gestionar tú o gestor automatizado si prefieres delegar), cuánto importan los costes y cómo afectan a tu resultado. También aprenderás lo esencial de fiscalidad para no llevarte sorpresas al hacer la renta, cómo abrir la cuenta paso a paso y cómo montar un plan sencillo con aportaciones periódicas y revisiones puntuales para mantener el riesgo bajo control.
Antes de invertir: colchón, deudas, objetivo y horizonte.
Lo primero es tu seguridad financiera del día a día. Construye un colchón de emergencia con entre tres y seis meses de gastos fijos. Guárdalo en productos líquidos y seguros, como una cuenta remunerada o un depósito a corto plazo. Ese dinero no se toca para invertir; es el paracaídas que te permite dormir tranquilo si surge un imprevisto.
Revisa tus deudas antes de pensar en rentabilidades. Si tienes créditos caros (por ejemplo, tarjetas o préstamos al consumo con tipos altos), suele compensar más amortizarlos que invertir, porque “ganarías” de forma segura el interés que dejas de pagar. Con una hipoteca o deudas baratas, la decisión es más fina: puedes combinar amortización e inversión, pero siempre sin dejar cojo el colchón.
Define para qué inviertes y en cuánto tiempo quieres lograrlo. Un objetivo claro cambia las reglas del juego. No es lo mismo ahorrar 8.000 euros para un coche en dos años que preparar 40.000 euros para la entrada de una vivienda en cinco, o construir patrimonio para el largo plazo. Pon una cifra, una fecha y una cuota mensual realista; así sabrás cuánto necesitas ahorrar e invertir cada mes.
Ajusta el riesgo al horizonte temporal. Para objetivos de corto plazo (hasta dos años), prima la seguridad y la liquidez: si el dinero se puede necesitar pronto, no asumas volatilidad. Para plazos medios (tres a cinco años), plantéate combinar activos más estables con una pequeña parte de renta variable si toleras altibajos. Para el largo plazo (siete o más años), la renta variable diversificada suele tener sentido, siempre entendiendo que habrá subidas y bajadas por el camino. Si la idea de ver caídas te quita el sueño, baja un punto el riesgo: el plan solo funciona si puedes mantenerlo.
Cierra esta fase con dos reglas sencillas que te acompañarán siempre: diversifica para no depender de una sola apuesta y vigila los costes, porque cada comisión que ahorras se queda contigo y se capitaliza con el tiempo. Con el colchón hecho, las deudas controladas y un objetivo con fecha, estarás listo para elegir productos e iniciar tu plan con calma y método.
¿Por qué deberías empezar a invertir?
Invertir no es solo para expertos. Si tienes algunos ahorros y quieres que tu dinero crezca con el tiempo, invertir es el camino. Aunque puede dar algo de respeto al principio, con la información correcta y una estrategia bien definida, puedes convertirte en un buen inversor, incluso si no dispones de mucho tiempo para aprender.
Ventajas de empezar a invertir:
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Proteger tus ahorros frente a la inflación.
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Conseguir objetivos financieros a largo plazo.
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Generar ingresos pasivos en el futuro.
¿De qué hablamos cuando hablamos de invertir?
Cuando hablamos de invertir, nos referimos a usar dinero para comprar algo que esperamos que aumente su valor con el tiempo. Esto puede ser en acciones, inmuebles o incluso un negocio. Por ejemplo, si compras acciones de una empresa, esperas que su precio suba para venderlas más tarde. La idea es que, al final, puedas venderlas por más de lo que pagaste y ganar dinero.
Mientras esperas que el valor de tu inversión crezca, también puedes ganar dinero a través de intereses o dividendos. Por ejemplo, si compras acciones de una empresa, podrías recibir dividendos, que son pagos periódicos de sus ganancias, cada tres, seis o doce meses. O si pones tu dinero en un depósito a plazo en un banco, recibirás intereses.
No debes perder de vista que invertir también implica un riesgo, porque no siempre garantiza ganancias. Según el caso, podrías vender los activos por un precio inferior al de compra y perder dinero.
La magia del interés compuesto
Para que entiendas verdaderamente el poder de la inversión, debes conocer un concepto clave: el interés compuesto. En pocas palabras, tú inviertes y obtienes ganancias, que se reinvierten y vuelven a generar ganancias. Gracias a ello, tu dinero se puede multiplicar de forma exponencial.
Por ejemplo, si hubieras invertido 150 euros cada mes en el S&P 500 hace 30 años, con una rentabilidad anualizada del 10%, habrías aportado 54.000 euros en total, que se habrían multiplicado hasta 285.073 euros, gracias al interés compuesto.
Utiliza nuestra calculadora y descubre cuánto podrías ganar tú si empiezas a invertir. Solo permítenos un consejo adicional: presta especial atención al plazo y comprueba tú mismo cuánto ganarías en cinco, diez o veinte años basándote en la rentabilidad anual estimada de tu inversión que, según el producto que escojas, podría ser del 5%, 7%, 10%... Verás que el tiempo es el mejor aliado de la inversión.
La rentabilidad mostrada en esta página es únicamente orientativa y se basa en rendimientos históricos. Ten en cuenta que los resultados pasados no aseguran rendimientos futuros y que las inversiones en mercados financieros implican riesgos, incluyendo la posible pérdida de capital.
Primeros pasos para empezar a invertir
Empezar a invertir no debería sentirse como un salto al vacío. Lo que suele funcionar es montar un sistema sencillo que puedas mantener cuando el mercado sube… y cuando baja. Antes de elegir un producto, conviene fijar tres cosas: cuánto puedes aportar al mes sin apretarte, qué parte del dinero necesitas tener disponible por si hay imprevistos y qué plazo tienes en mente.
Define tus objetivos financieros
Pregúntate qué quieres lograr con tus inversiones. ¿Estás buscando generar ingresos adicionales a corto plazo o construir un fondo para la jubilación dentro de varias décadas? Establecer metas claras te ayudará a elegir los instrumentos financieros adecuados y a determinar cuánto tiempo estarás dispuesto a mantener tu dinero invertido. Recuerda que cada objetivo puede requerir un enfoque distinto y que es importante ser realista y paciente.
Además, decide cómo vas a invertir: por tu cuenta con un bróker (más control, más implicación) o delegando en un gestor automatizado (más simple, más automático). Y, una vez elijas, lo más importante es la constancia: una aportación periódica y revisiones puntuales (una o dos veces al año) suelen funcionar mejor que estar pendiente cada día.
¿En qué invertir tu dinero?
Antes de mirar productos, la clave es cuándo vas a necesitar el dinero. El plazo lo cambia todo: lo que puede encajar a 10 años puede ser un riesgo innecesario a 12 meses.
Si tu objetivo es menos de dos años, suele tener más sentido priorizar seguridad y liquidez. Si es medio plazo (3 a 6 años), puedes buscar un equilibrio entre estabilidad y crecimiento, asumiendo cierta volatilidad. Y si es largo plazo (7 años o más), normalmente el motor de la rentabilidad está en la diversificación y en aguantar el plan, incluso cuando haya caídas.
Pero ¿en qué invertir tu dinero para generar ganancias? Estos son algunos productos básicos y fáciles de entender para principiantes. Si haces clic en el nombre del producto, tendrás una explicación mucho más detallada.
Cuentas y depósitos. Son productos bancarios donde depositas tu dinero y, a cambio, recibes intereses. Las cuentas permiten retirar tu dinero en cualquier momento, mientras que los depósitos suelen dar intereses más altos a cambio de dejar el dinero bloqueado por un tiempo.
Bonos y Letras. Son préstamos que le haces a una empresa o al gobierno, a cambio de recibir intereses. Por ejemplo, si compras una letra del tesoro, le prestas 1.000 euros al Estado y él te pagará 19 euros de intereses al cabo de un año.
Acciones. Son partes de una empresa que puedes comprar, convirtiéndote en propietario de una pequeña parte de ella. Te permiten cobrar dividendos, que son pagos de las ganancias de la empresa, o beneficiarte del incremento en su precio.
Fondos de inversión. Son inversiones colectivas donde muchos inversores juntan su dinero para comprar una cesta de acciones y/o bonos. En vez de hacerlo por tu cuenta, compras varios productos junto con otros, así diversificas. Permiten invertir con menos dinero.
ETFs (Fondos Cotizados en Bolsa). Son similares a los fondos de inversión, pero se compran y venden en la bolsa como acciones. Esto te permite negociar tus inversiones fácilmente, ofreciendo liquidez, lo que significa que puedes convertir tu inversión en efectivo rápidamente.
Planes de pensiones. Son productos de inversión a largo plazo diseñados para complementar tu jubilación. Te permiten aportar dinero de manera regular y, a cambio, ofrecen un beneficio fiscal, ya que las aportaciones reducen tu factura de IRPF. Pueden invertir en fondos, ETFs o productos individuales.
¿Cómo invertir tu dinero?
Para hacer cualquiera de estas inversiones, con la única excepción de los bonos del Estado, necesitarás ponerte en contacto con un intermediario, porque las personas de a pie no tenemos acceso directo a la bolsa. ¿A qué tipos de intermediarios puedes acudir?
Bróker de inversión
Es una persona o plataforma (web o app) que te permite comprar y vender acciones, bonos y otros activos financieros.
Generalmente, un bróker te muestra una lista de productos, como bonos, acciones y ETFs, y tú decides en cuáles invertir. No ofrecen asesoramiento.
Los brókers online, como Trade Republic o Scalable Capital, suelen tener comisiones bajas, lo que los convierte en una opción atractiva.
Dado que no dan asesoramiento y eres tú quien elige dónde invertir, es importante tener ciertos conocimientos previos.
Necesitarás saber no solo si invertir en un fondo o un ETF, sino también en qué fondo o ETF específico hacerlo.
Gestores automatizados
También conocidos como roboadvisors, son un servicio automatizado que gestiona tus inversiones por ti.
En lugar de invertir en productos individuales, inviertes en carteras de fondos de inversión que pueden incluir acciones, bonos y otros activos.
Los roboadvisors te ofrecen asesoramiento genérico: evalúan tu perfil de riesgo y, en función de eso, te sugieren carteras que se adaptan a tus necesidades.
Además, suelen tener comisiones bajas, lo que los convierte en una opción accesible.
Como no necesitas demasiados conocimientos, son una buena opción para inversores principiantes.
Las 5 claves de la inversión que debes conocer
Ahora que conoces los fundamentos básicos de la inversión, es importante comprender las claves que guían el proceso de toma de decisiones. Estos son los pilares de una estrategia de inversión sólida y rentable a largo plazo:
Rentabilidad. Es el porcentaje que ganas o pierdes con tu inversión. Antes de elegir un producto de inversión, es importante revisar la rentabilidad pasada o la esperada para tener una idea de cuánto podrías ganar. Pero ten en cuenta que estos datos son solo orientativos, ya que las rentabilidades pasadas no garantizan rendimientos futuros.
Comisiones. Al comprar bonos, acciones o invertir en fondos, ya sea a través de un bróker o un roboadvisor, siempre habrá comisiones por la operación. Estas pueden reducir significativamente tu rentabilidad, por lo que es fundamental revisar los costes antes de elegir un producto de inversión.
Volatilidad. La rentabilidad de tus inversiones experimentará altibajos, por lo cual, tendrás pérdidas temporales. Cuando eso pase, revisa que estés siguiendo una buena estrategia y, si es así, intenta moderar tus preocupaciones. Los rendimientos históricos han vuelto siempre a terreno positivo.
Riesgo. El riesgo de perder dinero es parte de la inversión, así que define cuánto estás dispuesto a arriesgar y elige inversiones que se adapten a eso. Si lo prefieres, puedes elegir opciones más seguras, como bonos del Estado.
Diversificación. Otra forma de mitigar el riesgo es diversificar, es decir, distribuir tu dinero en diferentes tipos de activos, como acciones, bonos o inmuebles. Así, si una inversión no funciona como esperabas, las otras pueden compensar las pérdidas.
Otras consideraciones para empezar a invertir
Hasta aquí hemos repasado de forma simplificada los conceptos básicos de la inversión para principiantes. Procura ampliar esta información navegando nuestra web o haciendo clic en los enlaces indicados antes de tomar cualquier decisión financiera. Pero además de todo esto, debes tener en cuenta algunas consideraciones adicionales:
Antes de invertir, asegúrate de tener un fondo de emergencia con al menos tres a seis meses de gastos cubiertos. Esto te permitirá afrontar imprevistos sin tener que liquidar tus inversiones prematuramente. Si todavía no tienes tu fondo de emergencias o te cuesta llegar a fin de mes, es mejor que organices tus finanzas antes de introducirte en el mundo de la inversión. Puedes aprender a hacerlo en nuestra página de educación financiera.
Revisa periódicamente tus inversiones para asegurarte de que siguen alineadas con tus objetivos financieros. Realiza ajustes según sea necesario, especialmente si cambian tus metas o tu situación.
Ten en cuenta las implicaciones fiscales. Algunos productos pueden tener ventajas fiscales, como los fondos de inversión que puedes traspasarlos de una gestora a otra o de una categoría más agresiva a otra que implique menos riesgo, sin tributar. Así que mejor consulta con un asesor tributario para conocerlas. Recuerda, también, que todas tus ganancias deberán rendir cuentas a Hacienda.
Si te sientes abrumado o inseguro, no dudes en buscar asesoramiento profesional. Los asesores financieros pueden proporcionarte orientación personalizada y ayudarte a desarrollar una estrategia de inversión adecuada para tus necesidades y objetivos.
Fiscalidad en 2 minutos (lo esencial)
La fiscalidad cuenta porque afecta al resultado final. En general, se tributa cuando vendes y obtienes una ganancia, pero hay matices según el producto.
- Los fondos de inversión suelen tener una ventaja práctica: permiten traspasar de un fondo a otro sin tributar en ese momento, lo que facilita ajustar la cartera sin pasar por Hacienda cada vez. En los ETFs, lo habitual es tributar cuando vendes con ganancia, de forma similar a las acciones.
- En productos como depósitos, letras o bonos, los intereses se consideran rentas del ahorro y tributan según los tramos aplicables. Por eso, además de mirar la rentabilidad en bruto, conviene entender cuánto puede quedar en neto en tu caso.
Tres errores a evitar cuando empiezas a invertir
No tener un plan claro
Es fácil dejarse llevar por las emociones, pero es importante tener un plan claro con metas específicas y una estrategia de inversión bien definida. No inviertas por impulso.
Poca o nula diversificación
Poner todos tus ahorros en un solo activo o sector puede ser muy arriesgado. La diversificación te ayudará a mitigar el riesgo y proteger tu dinero.
Querer predecir el mercado
Es casi imposible predecir cómo se comportará el mercado a corto plazo. En lugar de tratar de prever el futuro, invierte a largo plazo y mantén la calma durante las fluctuaciones del mercado.