Hay una realidad que se repite en España, incluso cuando el consumo y la inflación aprietan: el ahorro no desaparece. Y en 2025 vuelve a demostrarlo. A cierre de noviembre de 2025, los hogares españoles acumulaban 922.318 millones de euros en cuentas a la vista, según los datos más recientes del Banco de España. Es, en la práctica, la mayor bolsa de liquidez de las familias: dinero disponible al instante… y casi sin remuneración.

El recorrido reciente dibuja bien el patrón. El saldo en cuentas a la vista tocó máximos en diciembre de 2022 941.800 millones y después se desinfló en 2023 y 2024en torno a 876.000 millones, para volver a repuntar en 2025. El motivo es menos financiero que emocional: cuando sube la incertidumbre, la prioridad no es ganar más, sino conservar control y acceso inmediato al dinero. La cuenta corriente funciona como refugio, aunque sea caro.

En paralelo, se sigue ahorrando. Durante la pandemia, el “ahorro forzoso” disparó la tasa de ahorro de los hogares y llegó al 18%, según el Banco de España. Hoy estamos lejos de esa cifra, pero el hábito permanece: en el tercer trimestre de 2025, la tasa de ahorro se situó en el 12,8% de la renta bruta disponible, según el INE. La clave ya no es solo cuánto se ahorra, sino dónde se queda ese ahorro.

Mucha prudencia, poca rentabilidad

El problema de la liquidez no es que sea inútil: es que es cara si se convierte en destino permanente. “La cuenta corriente tiene sentido para el colchón y el día a día, pero es el dinero que menos paga: un 0,14% de media”, explica Cristina Casillas, responsable de depósitos del comparador financiero HelpMyCash.

A partir de ahí, la cuenta es sencilla. Si el IPC cerró diciembre de 2025 con una tasa interanual del 2,9%, el ahorro a la vista pierde alrededor de un 2,76% de poder adquisitivo al año, incluso antes de impuestos. Traducido a bolsillo: por cada 10.000 euros, esa diferencia equivale a unos 270 euros anuales de pérdida de poder de compra. Es una erosión silenciosa: no se ve en el saldo, pero se nota en la capacidad de compra.

Qué puede hacer un ahorrador conservador sin complicarse

No existe un producto perfecto. Existe una combinación sensata. Y esa combinación empieza por separar el dinero por objetivos.

Primer paso: remunerar la liquidez. Hoy es posible encontrar cuentas remuneradas sin condiciones, cerca del 2% —y en promociones, incluso por encima—, muy lejos del 0,14% medio de una cuenta corriente típica. La diferencia no está en la “magia” del producto, sino en los detalles: “Comparar no es mirar el número grande: es fijarse en la TAE real, en las condiciones y en el límite de saldo remunerado. Muchas ofertas pagan bien… pero solo hasta una cantidad concreta”, advierte Casillas.

Segundo paso: apartar el dinero que no se va a tocar. Si una parte del ahorro no se necesita en 6, 12 o 24 meses, mezclarla con el día a día suele ser un error. “Ese dinero encaja mejor en productos con rentabilidad cerrada, como los depósitos, porque se sabe desde el minuto uno qué se va a cobrar y cuándo”, explica la experta. Aquí, comparar también importa: la media de los nuevos depósitos de hogares ronda el 1,6%, pero las mejores ofertas pueden acercarse al 3% según plazo y entidad.

Para acceder a esos tipos, en España suelen existir dos vías. La primera, campañas puntuales de bancos nacionales, a veces agresivas y casi siempre temporales o con condiciones específicas. La segunda, plataformas que permiten contratar depósitos de bancos europeos. En este terreno conviene recordar una idea básica: los depósitos cuentan con esquemas de garantía nacionales en la UE, con cobertura habitual de hasta 100.000 euros por titular y entidad. Eso no elimina el riesgo de elegir plazos o condiciones, pero sí acota el riesgo de quiebra dentro de ese tramo.

¿Y las Letras del Tesoro? Han sido, sin duda, una opción muy utilizada por el ahorrador conservador, especialmente cuando las rentabilidades subieron y el producto se popularizó. Pero conviene ponerlas en su sitio en el contexto actual. La rentabilidad ha ido en descenso: en la última subasta enero de 2026, las Letras a 12 meses se adjudicaron al 2,048% frente al 2,38% de hace un año. Y eso se ha notado en el apetito de los ahorradores. En noviembre de 2025 los hogares tenían algo más de 19.000 millones de euros invertidos en deuda española a corto plazo (hasta 12 meses), unos 8.000 millones menos que en agosto de 2024.

Perder el miedo a invertir con la vista puesta en el horizonte y los costes

El último paso —y el más decisivo para el largo plazo— es perder el miedo a invertir la parte del dinero que no se necesita en años. No hace falta ser experto, pero sí ser metódico: entender qué se contrata, asumir que habrá altibajos y evitar comisiones que muerden la rentabilidad.

La base, de nuevo, cabe en dos palabras: horizonte y costes. El horizonte porque el tiempo es el factor que más suaviza las caídas; y los costes porque, a largo plazo, las comisiones pueden marcar la diferencia entre ganar o incluso perder. Por eso han ganado terreno productos sencillos como los fondos indexados: automatizan la inversión, suelen tener costes más bajos y evitan la tentación de tomar decisiones impulsivas. No prometen rentabilidades garantizadas ni están libres de caídas, pero encajan bien cuando el objetivo es construir patrimonio con paciencia.

España ahorra, sí. Pero una parte demasiado grande de ese ahorro sigue aparcada donde menos rinde. “La liquidez aporta tranquilidad, ahora el reto es que esa tranquilidad no salga tan cara”, finaliza Casillas.