Las huchas son cosa del pasado. Hoy en día, los bancos se han convertido en la opción más cómoda para guardar los ahorros. Sin embargo, dejar el dinero en una cuenta corriente puede acabar saliendo muy caro, aunque a primera vista no lo parezca. En este caso, las comisiones no tienen nada que ver. La culpable es la inflación.
La inflación es el enemigo silencioso de los ahorradores. No reduce su dinero, sino su valor. La inflación disminuye poco a poco el poder adquisitivo de los ahorradores y hace que, con el paso del tiempo, puedan comprar menos bienes con la misma cantidad de dinero.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación interanual se situó en el 4,9% en octubre. Esto significa que mantener 10.000 euros inmovilizados en una cuenta bancaria sin remuneración supone una pérdida de poder adquisitivo de más de 400 euros en un año.
¿Cuánto cuesta realmente dejar el dinero parado en el banco?
Tomando como referencia la inflación española de octubre de 2026, situada en el 4,9%, el dinero mantenido sin remuneración en el banco ha perdido aproximadamente ese porcentaje de su valor durante el último año.
Por ejemplo, mantener 5.000 euros sin remuneración supone necesitar aproximadamente 245 euros adicionales para conservar el mismo poder adquisitivo. En el caso de 10.000 euros, esa cantidad asciende a 490 euros. Si los ahorros alcanzan los 50.000 o 100.000 euros, se necesitarían 2.450 y 4.900 euros adicionales, respectivamente.
No es que en un año nuestra cuenta vaya a tener 490 euros menos. Nuestro dinero va a ser el mismo si no nos lo hemos gastado. El problema es que vamos a necesitar 490 euros más para comprar exactamente lo mismo que antes podíamos adquirir con 10.000 euros, por lo que en la práctica es como si hubiésemos perdido dinero.
No se trata de un problema anecdótico, sino de un fenómeno que afecta a muchos ahorradores. Actualmente, los hogares mantienen en las cuentas corrientes 938.774 millones de euros, según el Banco de España (BdE), un dinero que renta, de media, al 0,16%, muy por debajo del valor del IPC.
¿Cómo combatir la inflación?
La solución para compensar las pérdidas producidas por la inflación es rentabilizar el dinero, es decir, multiplicarlo, algo que ahora es más sencillo.
Durante los últimos meses, la oferta de productos de ahorro no solo ha aumentado, sino que ha mejorado. Tras esta tendencia están las últimas decisiones del Banco Central Europeo. El regulador ha subido los tipos de interés oficiales dos veces en lo que llevamos de año, la última vez en septiembre, y sus efectos no han tardado en notarse.
El pasado mes de septiembre, el interés medio de los plazos fijos constituidos en España había subido un 36% con respecto al mismo mes del año anterior hasta situarse en un 2,26%, según el BdE.
Las cuentas de ahorro más rentables ofrecen un interés del 3% TAE o superior. No alcanzan el último valor de la inflación, pero permiten reducir sus efectos. Algunos ejemplos son las cuentas de ahorro de Revolut (3,51% TAE), Kutxabank (3,10% TAE), Trade Republic (3,04% TAE) y Bankinter (3% TAE). La mayoría de las ofertas más rentables, no obstante, suelen estar reservadas para los clientes nuevos.
En el terreno de los depósitos también se ha notado el empujón del BCE. Los plazos fijos con una duración de doce meses ya alcanzan el 3,50% TAE.
En cualquier caso, estas rentabilidades no alcanzan el valor de la inflación. ¿Tiene sentido mover los ahorros para ganar una tasa inferior al IPC? Lo cierto es que para evitar que los ahorros pierdan valor, el objetivo debería ser conseguir una rentabilidad que, como mínimo, igualase la inflación. Sin embargo, ganar un 2% o 3% nos ayudará a reducir su impacto. Dicho de otro modo, nuestro poder adquisitivo se reducirá menos.
El verdadero coste de no hacer nada
Dejar los ahorros en una cuenta corriente sin remuneración puede parecer una decisión conservadora, pero también implica asumir un coste. La inflación trabaja en silencio y reduce el valor del dinero año tras año. Por eso, más allá de cuánto conseguimos ahorrar, resulta fundamental prestar atención a dónde guardamos nuestro dinero y qué rentabilidad obtenemos por él. No hacer nada también es una decisión financiera y, en ocasiones, puede salirnos bastante cara.

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