Tener una cuenta de Liberbank quizá pueda obedecer a la necesidad de acceder a su red de cajeros. Por lo demás, el servicio proporcionado es nefasto.
Colas interminables, comisiones hasta por respirar, incluso en la cuentas que, supuestamente, carecen de ellas. Y lo peor de todo, ninguneo absoluto ante las quejas del cliente. Bulling bancario en estado puro.
En definitiva, un modelo de banca que se mantiene en pie gracias a la población pensionada, que no necesita más que su reintegro mensual.