Hipoteca abierta: qué es, cómo funciona y qué riesgos tiene
Hoy en día prácticamente ningún banco español comercializa hipotecas abiertas y es muy difícil conseguir una nueva, pero si firmaste una hace años es importante que conozcas bien cómo funciona, qué riesgos tiene y qué alternativas tienes si necesitas más dinero.
¿Qué es una hipoteca abierta?
Una hipoteca abierta o crédito hipotecario te permite disponer otra vez del dinero que has devuelto de tu préstamo inicial, y lo puedes usar para financiar otros proyectos que tengas: comprar un coche, reformar el baño... Es decir, que puedes volver a pedir prestado el capital que has amortizado, y tu vivienda será la garantía de ese préstamo.
Imagina que tu hipoteca abierta fue de 150.000 € y ya has amortizado 20.000 € (sin contar intereses). Puedes pedir una disposición de hasta 20.000 €. El banco ingresa ese dinero en tu cuenta y pagarás cuotas aparte de tu hipoteca por esa disposición, al mismo tipo. Si amortizas antes, pueden aplicarse compensaciones por reembolso. Se calculan solo sobre el capital devuelto de esa disposición.
Actualmente, ningún banco español ofrece hipotecas abiertas, pero algunas entidades las concedían hace unos años: CaixaBank (la antigua "la Caixa"), Bankinter... Si quieres conseguir uno de estos productos, puedes intentar negociarlo con estos u otros bancos, aunque ya te avanzamos que es muy difícil que aprueben tu solicitud.
Diferencia entre una hipoteca abierta y una tradicional
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Con una hipoteca tradicional, el dinero que vas amortizando no está disponible para volver a solicitarlo.
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Con una hipoteca abierta, el importe que has devuelto lo puedes volver a solicitar como si fuera una línea de crédito, pero con garantía hipotecaria.
¿Cómo funciona una hipoteca abierta, paso a paso?
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Firmas una hipoteca abierta sobre tu vivienda. Tienes un capital máximo y unas condiciones (tipo de interés, comisiones, plazo, etc.).
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Empiezas a amortizar la hipoteca como una normal: cada mes pagas cuota y vas devolviendo parte del capital prestado.
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Con el tiempo, el capital que ya has amortizado queda “libre” dentro del límite de responsabilidad hipotecaria. Es decir, aparece un margen que puedes volver a usar.
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Si necesitas dinero, pides al banco hacer una nueva disposición con cargo a esa hipoteca abierta. La entidad estudia tu caso y, si lo aprueba, te ingresa el importe en cuenta.
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Esa disposición genera una nueva deuda con su propia cuota, que se suma a la cuota de la hipoteca original. Todo sigue garantizado con la misma vivienda.
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Si más adelante amortizas esa disposición, vuelve a liberarse margen dentro del límite de garantía y, en teoría, podrías volver a usarlo.
En la práctica, funciona como si tuvieras una “línea de crédito” sobre tu casa: bajo el paraguas de la hipoteca abierta puedes ir haciendo y cancelando disposiciones, siempre que el banco lo autorice.
¿Cuáles son las ventajas de una hipoteca abierta?
Las principales ventajas de una hipoteca abierta son las siguientes:
Flexibilidad financiera. Puedes pedir dinero varias veces (para una reforma, un coche o estudios) hasta el límite pactado, amortizarlo cuando quieras y volver a disponer del capital reembolsado sin pasar de nuevo por notaría (solo se firma un anexo privado o una póliza bancaria).
Ahorro de costes notariales y registrales. Al quedar inscrita una única hipoteca en el Registro de la Propiedad, evitas los gastos de constitución que implicaría abrir préstamos independientes cada vez que necesitas liquidez.
Intereses generalmente más bajos que un préstamo personal. El banco asume menos riesgo porque cuenta con la vivienda como garantía, por lo que suele aplicar un tipo similar al de una hipoteca convencional y muy inferior al de los créditos al consumo.
¿Cuáles son los riesgos de una hipoteca abierta?
Estos productos tienen varios inconvenientes que pueden ocasionarte problemas; algunos de ellos graves. Son los siguientes:
Con una hipoteca abierta corres más riesgo de sobrendeudarte. Si abusas de las disposiciones, puedes tener problemas para llegar a fin de mes. Recuerda siempre que no debes dedicar más del 30% de tu sueldo neto mensual a pagar las cuotas conjuntas de tus deudas: de tu hipoteca, de las disposiciones y de otros créditos.
Dejar de pagar la disposición extra de la hipoteca abierta puede llevar a perder tu vivienda. Aunque estés al día con la cuota de tu hipoteca, si no pagas las disposiciones extras, el banco podría embargar tu propiedad.
Es muy difícil que otro banco la asuma para mejorar sus condiciones. La inmensa mayoría de los bancos no ofrecen hipotecas abiertas y, en consecuencia, no están dispuestos a asumir las de otras entidades para mejorar sus condiciones (hacer una subrogación). Si tienes una hipoteca abierta y quieres refinanciarla, tendrás que pactarlo con tu banco o contratar un préstamo hipotecario nuevo para cancelarla. Esto último te saldrá más caro y perderás cualquier posibilidad de disponer nuevamente del dinero devuelto.
¿Cuándo puede ser conveniente una hipoteca abierta?
Una hipoteca abierta es un producto muy particular que puede ocasionarte muchos problemas si utilizas las disposiciones sin ningún control. Por eso, desde HelpMyCash consideramos que solo te conviene si se dan estas condiciones:
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Si prevés que necesitarás dinero en el futuro para financiar otros gastos, como una reforma pequeña de tu casa o la compra de un coche. Así, podrás conseguir financiación con un interés más bajo que el de un préstamo personal.
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Si tienes autocontrol y no abusas de las disposiciones. En caso contrario, puedes acabar con un sobrendeudamiento serio y tener problemas graves para llegar a fin de mes. En el peor de los casos, hasta podrías perder tu vivienda.
Para el resto de situaciones, pedir una hipoteca convencional (un préstamo hipotecario) será más aconsejable. Además, hay que ser realista: en la práctica, casi ningún banco te concederá ahora una hipoteca abierta, así que no merece la pena que pierdas el tiempo buscando estos productos.
Alternativas a la hipoteca abierta
Si lo que buscas es liquidez sin tener que reutilizar el capital amortizado de tu hipoteca, hay varias vías más simples y, sobre todo, disponibles hoy.
La primera es la ampliación de hipoteca (novación): negocias con tu banco más capital o más plazo sobre tu préstamo actual. Es útil cuando el importe que necesitas está claramente vinculado a la vivienda (por ejemplo, una reforma) y tu ratio de esfuerzo admite una cuota algo mayor. Implica gastos de notaría, registro y gestoría, y la TAE suele ser inferior a la de un préstamo personal. Si te encaja, amplía con nuestra guía de ampliación para ver requisitos, costes y ejemplos prácticos.
Cuando el importe es moderado y prefieres no tocar la hipoteca, un préstamo personal aporta rapidez y no pone en juego la vivienda como garantía. A cambio, el tipo de interés será más alto y los plazos, más cortos. Es una buena opción para gastos puntuales y acotados en el tiempo: compras de equipamiento, una parte de la reforma o cubrir un desfase hasta cobrar una ayuda o vender un activo.
En operaciones donde el banco no mejora condiciones y necesitas más margen, otra vía es la subrogación a otra entidad (cambiar de banco) y, después, novar allí para ampliar capital o plazo. Supone más trámites, pero puede abaratar la TAE y desbloquear financiación si tu entidad actual no es flexible.