Hay decisiones financieras que revisamos con frecuencia. Comparamos el seguro del coche cuando vence, buscamos una tarifa de móvil más barata o renegociamos la hipoteca si aparecen mejores condiciones. Sin embargo, hay una que solemos dar por definitiva: la cuenta bancaria.

Muchas personas siguen utilizando la misma cuenta que abrieron al empezar la universidad, al conseguir su primer empleo o cuando compraron su primera vivienda. No necesariamente porque siga siendo la opción que mejor se adapte a ellas, sino porque cambiar de banco parece una gestión incómoda o, simplemente, porque nunca se han planteado revisarla.

Y, sin embargo, la educación financiera también consiste en cuestionar esas decisiones que damos por hechas. Porque una cuenta bancaria no es un producto que se contrate una vez y sirva para siempre. Es una herramienta. Y las herramientas deben adaptarse al uso que hacemos de ellas.

La mejor cuenta no existe… porque tus necesidades cambian

Hace diez o quince años, elegíamos un banco por motivos que hoy han perdido peso. La cercanía de una oficina era un criterio decisivo. Muchas operaciones solo podían hacerse presencialmente y la banca digital estaba todavía dando sus primeros pasos.

Hoy, la situación es muy distinta. Consultamos el saldo desde el móvil, enviamos dinero por Bizum, pagamos con el teléfono, contratamos productos sin acudir a una sucursal y esperamos resolver cualquier incidencia desde una aplicación. Pero no solo ha cambiado la tecnología. También ha cambiado nuestra vida.

Quien abre su primera cuenta suele buscar algo sencillo para empezar a gestionar su dinero. Con el tiempo llegan la nómina, los recibos, los gastos compartidos, el ahorro o la necesidad de organizar mejor las finanzas familiares. Más adelante, quizá se valore más la facilidad para operar desde el móvil que la cercanía de una oficina.

La conclusión es sencilla: si tu forma de gestionar el dinero cambia, es lógico preguntarse si tu cuenta también debería hacerlo.

Hazle una ITV a tu cuenta bancaria

Cuando un coche pasa la ITV no significa que esté averiado. Simplemente se comprueba que sigue siendo seguro y adecuado para circular. Con una cuenta bancaria ocurre algo parecido.

Cada cierto tiempo, conviene hacer una pequeña revisión para comprobar si sigue respondiendo a nuestras necesidades actuales. No se trata de cambiar de banco por cambiar, sino de evitar la inercia, uno de los problemas más habituales en las finanzas personales.

Estas son algunas preguntas que merece la pena hacerse:

  • ¿Sigo utilizando esta cuenta como principal o ha pasado a ser una cuenta secundaria? No todas las cuentas están pensadas para el mismo uso. Algunas están diseñadas para centralizar los ingresos y los pagos habituales; otras buscan ofrecer una operativa sencilla sin exigir apenas vinculación.
  • ¿Las condiciones siguen encajando con mi situación? Una cuenta que tenía sentido cuando empezaste a trabajar puede dejar de ser la más adecuada si cambias de empleo, dejas de domiciliar la nómina o simplemente utilizas el banco de otra manera.
  • ¿El banco me está cobrando comisiones? Si tu cuenta es muy antigua, quizá tenga comisiones. Hoy en día es muy fácil abrir una cuenta gratuita y dejar de pagar por el mantenimiento del producto.
  • ¿Estoy pagando por servicios que ya no utilizo o he renunciando a otros que sí me serían útiles? Revisar una cuenta no consiste solo en comprobar si tiene comisiones. También implica valorar qué servicios ofrece y si realmente aportan valor en el día a día.
  • ¿Estoy aprovechando todas las herramientas que ofrece mi banco? Hoy, muchas entidades permiten gestionar el ahorro, controlar los gastos o realizar prácticamente cualquier operación desde la aplicación móvil. Si no utilizas esas funciones, quizá sea porque no las necesitas… o porque tu banco no las ofrece.

Las cuentas también se han especializado

Igual que hoy existen tarjetas para viajar, hipotecas para distintos perfiles o fondos adaptados a diferentes objetivos, las cuentas bancarias también han dejado de ser un producto único. Las entidades han ido desarrollando distintas alternativas según las necesidades del cliente.

Es el caso de ING, por ejemplo, que diferencia entre quienes buscan una cuenta para gestionar toda su operativa diaria y quienes prefieren una opción más flexible.

Cuenta NÓMINA de ING

La Cuenta NÓMINA de ING está orientada a quienes quieren utilizarla como banco principal. La condición para mantenerla sin comisiones de mantenimiento es domiciliar una nómina, pensión o prestación por desempleo, o bien recibir cada mes al menos 700€ desde otra entidad bancaria de la que también seas titular. Si no se cumple ese requisito, la cuenta aplica una comisión de 3€ al mes.

En cuanto a la operativa, incluye tarjeta de débito y tarjeta de crédito gratuitas para hasta dos titulares, sin comisiones de emisión ni de renovación (la concesión de la tarjeta de crédito está sujeta al análisis de riesgo del banco).

La Cuenta Nómina incluye la apertura de la Cuenta NARANJA, que es su producto de ahorro. Con la nómina domiciliada, esta cuenta de ahorro se remunera al 1% TAE, sin importe mínimo y con el dinero siempre disponible. Sin esa vinculación, la rentabilidad de la Cuenta NARANJA es del 0,30% TAE. No se trata de tipos especialmente competitivos si los comparamos con depósitos o cuentas remuneradas de otras entidades, pero sí son una forma de separar el dinero del día a día del que se quiere reservar.

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Cuenta NoCuenta de ING

La Cuenta NoCuenta está pensada para quienes no quieren o no pueden domiciliar ingresos de forma recurrente. No tiene requisitos de vinculación y no cobra comisiones de mantenimiento bajo ninguna condición. Al igual que la Cuenta Nómina, esta también incluye la apertura de la Cuenta NARANJA.

La operativa disponible es igual a la de la Cuenta Nómina, pero en este caso la tarjeta de débito en formato virtual no tiene coste; si se quiere en formato físico, la emisión tiene un coste de 5€.

Para retirar efectivo, los clientes de la Cuenta NoCuenta pueden hacerlo sin comisiones únicamente en los cajeros propios de ING. En cajeros de otras entidades, ING repercute al cliente la comisión que el propietario del cajero cobre, sin asumir ese coste como sí hace con la Cuenta NÓMINA.

Ambas cuentas incluyen acceso al Plan de Viaje de ING, que permite realizar cambios de divisa y retiradas en cajeros en el extranjero sin comisiones por parte del banco, dentro de los límites establecidos por el contrato. En el caso de la Cuenta Nómina, este servicio tiene una serie de prestaciones incluidas de forma gratuita. En el caso de la Cuenta NoCuenta, el plan básico tiene un coste de 3€ al mes para clientes mayores de 27 años (gratuito para menores de esa edad). En ambos casos, es posible ampliar las prestaciones con un sobrecoste y si se superan los límites del plan contratado, se aplican las comisiones habituales.

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Otros ejemplos de cuentas competitivas en España:

Cuenta Más DB de Deutsche Bank

La Cuenta Más DB de Deutsche Bank está orientada a quienes tienen ingresos más elevados o un volumen de ahorro considerable y buscan una cuenta que vaya algo más allá de la operativa básica. La condición para mantenerla sin comisiones es cumplir al menos uno de estos dos requisitos: domiciliar una nómina o pensión de al menos 2.000€ al mes o mantener un saldo conjunto de al menos 10.000€ entre cuentas, depósitos y productos de inversión. Si algún mes no se cumple ninguno de los dos, la cuenta aplica una comisión de 60€ por todo el trimestre. Es un detalle importante que conviene tener claro antes de contratarla.

Para nuevos clientes, el banco ofrece actualmente una bonificación de 500€ brutos pagados en 12 mensualidades si se domicilia una nómina o una pensión de al menos 2.000€ y se mantiene un saldo de la menos 3.000€. Para conseguir la bonificación máxima, hace falta cumplir estas condiciones durante doce meses. No obstante, si un mes no se cumple, ese mes no se recibirá el incentivo, pero no se tendrá que devolver el dinero recibido hasta el momento.

La cuenta de ahorro asociada, por su parte, tiene una rentabilidad del 2% TAE para saldos de entre 10.000 y 300.000€.

Algo que diferencia a esta cuenta de otras opciones similares es el seguro de viaje incluido en la tarjeta de débito sin coste adicional. Cubre gastos médicos en el extranjero de hasta 1.000.000€, retraso de equipaje, entre otros. Es una cobertura real integrada en la cuenta, no un seguro de activación voluntaria.

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Cuenta Revolut (plan estándar)

La cuenta de Revolut, en su plan estándar, está pensada para quienes buscan una cuenta sin nómina, sin requisitos de vinculación y con una operativa completamente digital. No tiene comisiones de mantenimiento y cuenta con IBAN español.

Donde Revolut sí marca una diferencia clara respecto a otras cuentas sin vinculación es en la remuneración del ahorro. Al abrir la cuenta, es posible activar una cuenta remunerada vinculada que ofrece un 3,51% TAE durante cuatro meses para un saldo de hasta 25.000€, con los intereses liquidados diariamente y el dinero disponible en todo momento. Las condiciones de este tipo de productos pueden variar con el tiempo, por lo que conviene consultar el tipo vigente antes de contratar.

Un aspecto que distingue a Revolut de los bancos tradicionales: no es entidad colaboradora de la Seguridad Social, lo que significa que no permite domiciliar pensiones ni prestaciones por desempleo directamente en la cuenta.

Su elemento más diferenciador es la operativa con divisas: permite mantener saldo en más de 35 monedas distintas y realizar pagos en el extranjero sin comisión de cambio de lunes a viernes, hasta un límite de 1.000€ al mes. A partir de ese importe o si el cambio se produce en fin de semana, Revolut aplica un recargo del 1%. Para retiradas de efectivo en cajeros, las primeras 5 operaciones al mes o los primeros 200€ son gratuitos; si se supera ese límite, cobra un 2% fuera de España (en el interior del país traslada la comisión que cobre el banco propietario del cajero).

Solicita la cuenta de Revolut

Más que preguntarnos cuál es la mejor, la cuestión es identificar qué papel va a desempeñar esa cuenta dentro de nuestras finanzas.

La educación financiera también consiste en revisar decisiones antiguas

Uno de los errores más comunes en finanzas personales no es elegir mal un producto. Es dejar de preguntarse si sigue siendo el adecuado.
La cuenta bancaria es un buen ejemplo. Es un producto que suele acompañarnos durante muchos años y, precisamente por eso, tendemos a olvidarnos de él.

Sin embargo, nuestras necesidades cambian, la forma de relacionarnos con el banco evoluciona y las propias entidades incorporan nuevas funcionalidades y distintos tipos de cuentas para responder a esos cambios.

Por eso, igual que revisamos periódicamente nuestro presupuesto o comparamos otros gastos del hogar, merece la pena dedicar unos minutos a una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿la cuenta bancaria que elegí hace diez años sigue siendo la mejor para la vida que tengo hoy?