Si tu hijo ha cambiado los juguetes en Reyes o en su cumpleaños por un sobre con dinero, debes saber que tienes por delante una gran oportunidad educativa. Porque ese dinero no es solo dinero. Es una herramienta para enseñarle algo que en el colegio todavía no explican bien: cómo funciona la vida real con el dinero.
Si este es tu caso y quieres saber cómo debes abordar esta conversación, sigue leyendo.
Cómo enfocar el tema del dinero en la infancia
Hay dos formas de hacerlo. Una es hablar de dinero con miedo o escasez, con frases tipo “el dinero no crece en los árboles”, “hay que apretarse el cinturón” o “si seguimos así no llegamos a fin de mes”. Eso no enseña a gestionar: enseña a temer.
La otra es hablar claro según su edad, sin dramas, sin miedo, pero sin cifras adultas. Solo explicando que las cosas no son gratis, que el dinero sale del trabajo y que cuando decimos “no”, hay un motivo. Eso no genera ansiedad. Genera comprensión.
El dinero se enseña en el día a día, no con discursos
No hace falta una charla eterna. Basta con ejemplos reales: comparar “esto cuesta 20 euros y esto 1 euro” para que entiendan la escala de valor, que paguen y reciban el cambio para ver que el dinero se acaba, darles un pequeño presupuesto en un viaje para aprender a elegir, o enseñarles que si quieren algo de 20 y tienen 10, toca paciencia y ahorro.
Qué hacer con el dinero que reciben
Depende de la edad, pero hay una regla de oro que suele funcionar muy bien: no todo para gastar y no todo para guardar. Repartirlo en tres partes (gastar, ahorrar y compartir) les enseña a gestionar sin sentir que “todo es restricción”.
- Por ejemplo, si recibe 20€, puede destinar 10€ a gastar, 6€ a ahorrar y 4€ a compartir, por ejemplo si quiere hacerle un regalo a un miembro de la familia, o a un amiguito.
¿Hucha, cuenta bancaria o inversión?
Hasta los 8–9 años, una hucha (física o virtual) suele ser suficiente porque es visual y sencilla. Cuando ya recibe dinero con frecuencia, una cuenta infantil ayuda muchísimo a ver cómo entra y sale el dinero. Y si la cuenta remunera, además se aprende una idea importante: si el dinero no “trabaja”, pierde valor con la inflación.
A partir de 10–12 años, puedes introducir inversión básica (por ejemplo, ETF o fondos) de forma lúdica y supervisada. No para hablarles de jubilación, sino para que vean cómo el tiempo hace su parte.
Desde HelpMyCash hemos analizado tres opciones en cuentas bancarias infantiles que pueden ser interesantes.
Tres cuentas bancarias infantiles a tener en cuenta
La Cuenta Online para Menores de BBVA es una cuenta sin comisiones para menores de 0 a 17 años (TIN 0%, TAE 0%) y se puede abrir 100% online y sin papeleo. Permite domiciliar becas y ayudas de los hijos, y como madre o padre puedes acompañar y supervisar los movimientos desde tu app. A partir de los 12 años, el menor tiene una app adaptada a su edad con Bizum y una tarjeta de débito Aqua, pensada para el día a día y con ventajas para viajes al extranjero sin comisiones. Además, puedes conseguir 30 euros si abres la cuenta.
La Cuenta Revolut <18 es una cuenta sin comisiones para niños y adolescentes de 6 a 17 años (TIN 0%, TAE 0%) y se contrata sin exigencias ni requisitos. Incluye una app propia para que el menor vea sus gastos y una tarjeta gratis compatible con Apple Pay y Google Pay. Desde la app del adulto puedes controlar la cuenta y recibir notificaciones en tiempo real cuando la use, además de fijar límites de gasto y de retirada en cajeros o bloquear la tarjeta y ciertos tipos de pago. También permite programar la paga de manera automática.
La Cuenta Infantil de Trade Republic ofrece una rentabilidad del 2,02% TAE y la posibilidad de invertir en ETF y acciones desde 1 euro y la posibilidad de crear planes de inversión, y ahora mismo tiene una bonificación de 50 euros en un ETF de Vanguard si abres la cuenta antes del 16 de marzo de 2026.
Acceso a una tarjeta, pero con reglas claras
Cuando empiezan a salir solos, una tarjeta puede ser más segura que el efectivo y permite control parental sin invadir. La regla que mejor funciona es que si no hay saldo, no se gasta.
El hábito que marca la diferencia: revisión mensual
Una vez al mes, dedicar 15 minutos a revisar los movimientos de la cuenta. En otras palabras, ver qué entró, qué salió y qué se puede mejorar.
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