Hay que ser muy dejado para trabajar con este chiringuito. Muchos siguen en Targo, heredados de Banco Popular y por pereza no se van. Las transferencias no llegan, ausencia de banca digital, todo muy vetusto. No se han dignado ni a cambiar el mobiliario y la imagen del anterior propietario, Banco Popular. Su único activo, el personal, se lo están cargando. Y arriba lo de siempre. Se esconde la porqueria bajo las alfombras. Un proyecto que pudo ser y no fue... ni será. Una pena.