Las hipotecas con la cuota más baja te pueden ayudar al principio a amoldarte a la hipoteca. Y es que estas hipotecas poseen un periodo de carencia inicial y, por ello, la cuota es más baja. Esto puede ayudarte, por ejemplo, para adquirir todo lo que necesitas para el nuevo piso o en los gastos derivados de instalarte en él.
Es muy importante que tengas en cuenta que una vez terminada la carencia, la cuota aumentará de precio de forma sustancial, incluso el doble que en el período anterior.
La carencia inicial puede ser una carencia interés o una carencia de capital. Esta última es la más común en el mercado hipotecario actual, y se basa en una reducción de la cuota mensual en la que tan sólo pagarás intereses sin necesidad de que amortices el capital.
Por su parte, la carencia de interés tiene el efecto contrario, ya que consiste en amortización del capital sin pagar los intereses. La duración del período de carencia es variable en función de la hipoteca, ya que en algunas hipotecas el período inicial es corto y en otras es más prolongado. Normalmente, una carencia inicial breve (de entre 3 y 6 meses) puede serte útil para afrontar los gastos derivados de instalarte en tu nueva vivienda mientras que una más larga, que puede ser de hasta 5 años, te servirá para obtener una cuota más baja durante ese tiempo.
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