Es una de las preguntas más repetidas en los últimos meses: ¿qué hago con mis ahorros? La creciente sensación de riesgo ha hecho que la rentabilidad deje de ser el criterio predominante a la hora de elegir depósitos, cuentas y demás productos de ahorro. La seguridad de nuestro dinero se ha convertido casi en una obsesión que muchas veces pasa por encima de otros factores como la rentabilidad o la liquidez. Sin embargo, todo cuenta.
Cómo elegir dónde guardo mis ahorros
En primer lugar, conviene valorar en qué tenemos que fijarnos al elegir un producto de ahorro:
- Riesgo. Es la posibilidad de perder parte o la totalidad de lo invertido. Las cuentas de ahorro y los depósitos a plazo fijo se consideran los productos más seguros porque cuentan con una doble garantía: la del banco emisor y la del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD). A partir de aquí encontramos productos sólo garantizados por la entidad y cuyo riesgo depende del orden de prelación, es decir, de la prioridad de la que gozan sus tenedores (propietarios) ante una quiebra. Siguiendo este orden tendríamos los pagarés, las cédulas hipotecarias, los bonos senior, los bonos subordinados y las participaciones preferentes (entre otros). La solvencia del banco también constituye un factor a tener en cuenta: hay quien considera más seguros los pagarés de La Caixa que los depósitos de la CAM, por ejemplo.
- Rentabilidad. No debemos olvidar el objetivo de los productos de ahorro: lograr más por nuestro dinero. La rentabilidad es el precio que le ponemos a nuestros ahorros, y nuestro objetivo es conseguir la máxima remuneración. Sin embargo, ésta suele ser inversamente proporcional al riesgo de la inversión. Por ello, cuentas y depósitos no suelen alcanzar la rentabilidad de bonos o pagarés, por ejemplo, ya que cuentan con una mayor seguridad. Y lo mismo sucede con los bancos más solventes respecto a los menos seguros. En este punto debemos considerar también las comisiones como una resta en la rentabilidad final.
- Liquidez. Es la facilidad con la que puedes disponer de tu dinero. Tal y como sucede con el riesgo, la liquidez también suele ser inversamente proporcional a la rentabilidad. De hecho, constituye en sí misma un riesgo: el peligro de no poder disponer de tu dinero cuando lo necesitas. De este modo, los productos más líquidos son las cuentas de ahorro. Los depósitos tienen una liquidez muy variable, aunque normalmente permiten recuperar el dinero perdiendo los intereses. En cuanto a bonos y pagarés, suelen cotizar en un mercado secundario, por lo que conseguirlos puede suponer (1) una larga espera y (2) una pérdida de capital.
En definitiva, podemos decir que la mejor inversión para un inversor conservador es la que combina lo mejor de los tres factores. Un ejemplo sería la Cuenta Azul de iBanesto, porque cuenta con la solvencia del grupo Santander, tiene la máxima liquidez y su rentabilidad es bastante elevada (3,70% TAE).
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